Un guarda jurado asesina a una pareja de adolescentes en La Vall d´Uixó

Panorámica de La Vall d´Uixó. Pinterest.

El fin de año de 1990 teñiría de luto al municipio castellonense de La Vall d´Uixó después de que un vecino suyo, que iba a recoger naranjas, se viese dramáticamente sorprendido a las nueve de la mañana del 31 de diciembre al encontrar los cuerpos sin vida de dos jóvenes de la localidad asesinados de varios disparos en el vehículo de Antonio Bueso, el muchacho asesinado, de 18 años y de su novia, María Teresa Herreros, de 16. El coche se encontraba situado en un camino rural junto al motor de agua potable de la población de Monfacar. El suceso, además de provocar la lógica consternación y exasperación entre el vecindario, no hacía más que arreciar el temor existente en esta preciosa localidad castellonense, pues hacía algo menos de tres años por aquel entonces, en 1988, había sido asesinado en su vehículo Francisco Soriano Alcázar, quien también se encontraba con su novia, que lograría huir del asesino de su compañero. El pánico dominaría aquellas tristes navidades en aquel término municipio, pues comenzarían a abundar las elucubraciones y se levantarían todo tipo de sospechas en torno a quien se podría encontrar detrás de aquellos crímenes, siendo varias las parejas de jóvenes que habían manifestado ataques cuando se encontraban en situaciones similares.

Según las investigaciones de la Guardia Civil, el cuerpo de Antonio Bueso, quien además jugaba al fútbol en el equipo local, se encontraba en el interior del maletero del vehículo, en el que tuvo que introducirse por órdenes de su asesino, una vez que hubo bajado del coche. Allí, en el portaequipajes, amenazado a punta de pistola, el criminal le efectuó un par de disparos con los que terminaría con su vida. El móvil de aquel doble crimen era de carácter sexual, pues, el autor de ambas muertes habría intentado forzar a la adolescente Maite Herreros, quien mantendría un forcejeo con su agresor. En el transcurso del mismo se supone que se disparó la pistola que portaba atravesando el pómulo derecho de la joven para salir por el izquierdo. Para rematarla, le efectuó un segundo disparo en la nuca a sangre fría. Su cadáver aparecería con un pecho desnudo.

Detención

Mientras no se produjo la detención del asesino, una profunda psicosis se apoderó del municipio castellonense. Se hablaba de muchas falsas pistas que incriminaban a distintas personas que no guardarían relación alguno con el suceso, tal y como se demostraría posteriormente. El criminal había dejado demasiadas huellas y eso le delataba. Aún así, hubo que esperar durante casi dos semanas para proceder a su detención. El sábado, 12 de enero de 1991, era detenido un joven de 29 años, Rogelio Elías Zafra, un madrileño con residencia temporal en La Vall d´Uixó debido a que se encontraba trabajando como vigilante jurado en una cantera de la zona que pertenecía a la Compañía General de Promoción de Empresas. En un principio negó su participación en los hechos, a pesar de que la Guardia Civil disponía de sobrados indicios para incriminarle. El más revelador de todos era, sin lugar a dudas, una mancha de sangre en el coche en la que habría dejado impregnadas sus huellas digitales, lo que era una prueba más que evidente en su contra. El otro indicio era el tipo de balas utilizado en el crimen, que se correspondía con un revólver del calibre 38, el mismo que empleaba el asesino en su trabajo. Por si esto no fuese suficiente, se sabía que Elías Zafra, que trabajaba en las inmediaciones de dónde perpetró el doble crimen, se dedicaba a observar a las parejas que acudían por aquel lugar, que era una zona bastante reservada. Su aspecto sería descrito por los agentes de la Guardia Civil como el de un «sujeto paranoico«, a pesar de que carecía de antecedentes penales.

Su detención llevó una relativa calma a La Vall d´Uixó, pues con ella se ponía fin a un sinfín de especulaciones y un estado de alarma que había sacudido a la localidad castellonense durante casi dos semanas, en los que la zozobra y el terror parecía haberse apoderado de un vecindario pacífico y muy tranquilo.

56 años de cárcel

Algo más de un año después, en 1992, se celebraría el juicio contra el autor del doble asesinato de la Vall d´Uixó, en medio de un clima de expectación e indignación contenida en la Audiencia Provincial de Castellón, pues los dos jóvenes asesinados eran una pareja muy querida entre sus convecinos, quienes destacaron tanto su don de gentes como su afabilidad. Los magistrados tenían muchas papeletas para condenar a Rogelio Elías Zafra, quien sería sentenciado a vivir 56 años entre rejas, aunque el antiguo Código Penal contemplaba un máximo de tres décadas en prisión, por lo que es muy probable que alcanzase la libertad condicional cuando apenas llevaba 20 años de cárcel. Fue acusado de dos crímenes con alevosía y la agravante de superioridad, sin tener en cuenta ninguna de las atenuantes que esgrimió su defensa que hacían referencia a los posibles problemas psiquiátricos que presentaba su patrocinado. Se le condenaba también a pena de destierro, así como a la indemnización de veinte millones de pesetas a las familias de ambos jóvenes asesinados.

Aquí surge una cuestión relativa a las circunstancias de quienes obtienen la licencia de guardia jurado y la evaluación psicológica que puedan hacer las empresas en las que prestan sus servicios, pues como quedó claro en aquel crimen que conmocionó a toda la Comunidad Valenciana y al resto de España no todo el mundo está capacitado para portar armas. Y este individuo era un claro ejemplo.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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