Secuestra y asesina a una niña en Granada («El asesino de la luna llena»)

El paraje de Torres Bermejas fue el lugar en el que apareció el cuerpo sin vida de Aixa Sánchez Hita

Era un auténtico sádico y criminal en el peor sentido del término, tal y como se encargaría de reflejarlo la sentencia que años más tarde le condenaría a 85 años de prisión. Siempre dejó traslucir sus peores instintos. Se justificaba alegando que había actuando por impulsos malignos que supuestamente procedían de la influencia que sobre él ejercía el mismísimo diablo. No elegía a sus víctimas al azar. Le encantaban las niñas menores de catorce años, con quienes se regodeaba con el peor afán morboso que destilaba. Durante algún tiempo consiguió que la bella ciudad de Granada estuviese atemorizada a causa de sus andanzas. Costó detenerle, pero el trabajo policial terminaría por dar los apetecidos frutos. Desde su salida de prisión no se ha vuelto a saber que ha sido del terrible José Fernández Pareja, un hombre cuyas andanzas serían plasmadas magistralmente por Antonio Muñoz Molina en su novela «Plenilunio», publicada diez años después de que ocurriesen los dramáticos acontecimientos que mantuvieron en vilo a la noble Ciudad de la Alhambra, cuyo paraje sería el lugar escogido por este depravado para acometer sus bárbaras e incalificables fechorías.

Fernández Pareja era por entonces, en torno al año 1988, un joven de 21 años que trabajaba en el mercado de San Agustín de la capital granadina como vendedor. Se decía de él que era aficionado a frecuentar locales de alterne, llegando incluso a trabar una relación con una prostituta, que tendría un final traumático. Un buen día de otoño, el 27 de octubre de 1987 acometería a su primera víctima, una niña de tan solo nueve años, Aixa Sánchez Hita, quien por aquel entonces estudiaba cuarto de la desaparecida Educación General Básica (EGB) en un colegio de la ciudad andaluza. Su modus operandi era casi siempre muy similar y sus víctimas eran niñas, La cría aquel día bajo para comprar un pliego con el fin de realizar una tarea escolar que le habían encomendado en el centro en que estudiaba. Su verdugo se subió, provisto con una navaja, en el mismo ascensor que la pequeña. Posteriormente, raptada a punta de navaja, la obligó a caminar por distintas calles de Granada hasta llevarla al paraje de Torres Bermejas.

Una vez que la pequeña estaba bajo su poder la amenazó y la desnudó. La sentencia dice que no hubo violación frustrada, tal como solicitaban las acusaciones personas en el caso. Al parecer esta no llegaría a consumarse debido a la enorme diferencia entre los órganos genitales de ambos. Una vez que estuvieron en el lugar de autos, presa de su sadismo y odio hacia las mujeres se abalanzó con ambas manos sobre el cuello de la pequeña, quien no pudo ofrecer ninguna resistencia ante la fuerza que emanaba de las terribles garras de su asesino, falleciendo a consecuencia del estrangulamiento.

En los días posteriores a la aparición del cuerpo sin vida de la pequeña Aixa se sucederían en Granada las manifestaciones de dolor y consternación, al tiempo que se exigía justicia por un hecho horrendo y obsceno en el que un individuo sin escrúpulos había dado muerte a una inocente, inofensiva e indefensa criatura. Fueron muchos los granadinos los que salieron a la calle para apoyar a la familia de la víctima, que tenía otras cinco hijos. Sin embargo, aún pasarían varios meses hasta que pudo ser apresado gracias al intenso trabajo de la Policía, que no escatimo esfuerzos en la detención de un asqueroso y ramplón criminal que se había cebado con un niña de tan solo nueve años.

Segundo intento frustrado

El terrible asesino debió sentirse seguro e incluso hasta satisfecho de su primera fechoría, pues cuando en la Ciudad de la Alhambra aún supuraba la herida que había supuesto el asesinato de Aixa Sánchez intentó nuevamente, esta vez sin éxito, repetir nuevamente su experiencia. Al igual que había hecho con la anterior en esta ocasión secuestró a la pequeña Susana G.M., de tan solo 14 años de edad, a quien, también a punta de navaja, la raptaba en una calle de Granada. Al igual que había hecho con su primera víctima, la condujo hasta el mismo paraje Torres Bermejas, donde supuestamente intentaría mantener relaciones sexuales con ella, pero sin conseguirlo por problemas erectiles.

A esta última muchacha la sometió a un calvario similar a la anterior, desgajándole las ropas que llevaba puestas, así como también le pasó su navaja por encima de sus senos, en un extraño y macabro ritual. Mientras esto sucedía, la joven fue capaz de memorizar su aspecto y fijarse bien en él, lo cual sería fundamental para identificarlo y proceder a su detención. Después de haber intentado estrangularla y consiguiendo que la cría perdiera el conocimiento, creyéndola ya muerta, la abandonó en el mismo paraje en el que había abandonado a la pequeña Aixa.

En esta ocasión, su perseverancia en el secuestro de niñas le resultaría demasiado cara. En torno a las dos de la madrugada del día 27 abril de 1988, Susana recuperaba el conocimiento y abandonaba por su propio pie el lugar en el que había sido abandonada por su captor. Se dirigió medio desnuda y sus ropas destrozadas hasta la Plaza Nueva, donde sería auxiliada por los taxistas que en ese momento se encontraban de servicio. Estos últimos la trasladaron a un centro sanitario, donde fue examinada por un grupo de facultativos con el fin de saber si sufría alguna lesión.

La adolescente hizo un relato perfectamente estructurado y con una descripción muy rigurosa sobre la macabra y terrible experiencia que había sufrido tras ser raptada por un sádico sexual que quizás fuese presa de demasiadas frustraciones. Su testimonio resultaría esclarecedor para que la Policía hiciese bien su trabajo y capturar así a un peligroso sujeto que había conseguido atemorizar a Granada.

Detención

Con los datos que les había facilitado Susana, la Comisaría de Granada comenzó a atar cabos, centrando su actuación en las inmediaciones de Torres Bermejas y sus aledaños, así como por el resto de la Alhambra. Algunos agentes se disfrazaron de jardineros para intentar detener al peligroso energúmeno que había socavado la tradicional tranquilidad que se respiraba en Granada.

El trabajo no tardaría en dar sus frutos. Así, una vez que se hubo cerciorado de quien era el temeroso sujeto que había conseguido sembrar el pánico, uno de los agentes no dudó en abalanzarse sobre él, quien ya, en un primer momento, reconoció ser el autor del asesinato de Aixa Sánchez Hita, así como del ataque que había sufrido Susana. Su captura se produjo en la misma zona en la que había asesinado a la niña de nueve años y en la que había abusado de la de catorce. Una vez más se cumplía en manido axioma de que el criminal siempre regresa al lugar del crimen. «He sido yo», fueron sus palabras en el momento de ser capturado y posteriormente trasladado a las dependencias policiales.

Ya a buen recaudo, en Comisaría les contaría a los agentes la extraña historia que ha dado lugar a su leyenda. Manifestaría que sufría un extraño ataque de ansiedad en las noches en las que había luna llena o cuarto creciente, no siendo capaz de controlar sus sádicos impulsos. Se daba la circunstancia de que ambos ataques se había producido en noches en las que la luna llena había hecho su aparición por la Ciudad de Granada. Sabedor de que su segunda víctima había salido con vida de su truculento envite, se refugió en ella para justificar su injustificable ataque a Aixa, de quién declaró ante la Policía que creyó que había quedado con vida, pero los hechos parecen demostrar lo contrario. Supuso que su segunda víctima había muerto, por eso la abandonó.

85 años de cárcel

José Fernández Pareja, antes de ser juzgado, se refugió en la religión y en grupos evangélicos, quienes lo apoyaron no se sabe muy bien a cuenta de que. Tuvo la suerte de contar con un joven abogado defensor que demostraría ser uno de los más brillantes de Granada con el paso de los años. Las acusaciones particular y la fiscalía solicitaban para el asesino 160 años de prisión, que tendría la suerte de que se quedasen en tan solo 85 años y ocho meses de prisión, al no poder probarse que hubiese habido violación frustrada. En el transcurso de la vista oral volvería a narrar la misma historia que le había contado a la Policía. En esta ocasión adobada con elementos religiosos, llegando a manifestar que pedía perdón y que estaba seguro de que Dios se lo concedería, aunque no lo hiciesen los hombres.

En los meses previos al juicio, que se desarrolló en la Audiencia Provincial de Granada a mediados de abril del año 1990, Fernández Pareja se negó en todo momento a someterse a un reconocimiento psiquiátrico, tal y como le había aconsejado su letrado, quien sostuvo en todo momento que su patrocinado sufría alguna patología de carácter mental. No obstante, las pruebas psicológicas practicadas contradecían lo manifestado por la defensa del asesino.

Debido a la benevolencia del antiguo Código Penal, José Fernández Pareja, solamente cumpliría quince años de los 85 a los que había sido condenado. En el año 2003 saldaría sus cuentas con la justicia al obtener la libertad condicional, si bien es cierto que sobre sus espaldas pendía una condena de seis años de destierro en los cuales no podría residir en Granada, pena que también ha saldado. Desde entonces, a este obsceno asesino se la perdido la pista y algunas fuentes lo sitúan residiendo y trabajando en Barcelona, al tiempo que apuntan a que se le ha visto en alguna que otra vez en su ciudad natal.

Su crimen y sus temerosas andanzas serían recogidas por Antonio Muñoz Molina en la novela «Plenilunio», debido a que el célebre escritor residía cuando se produjeron los hechos en la Ciudad de la Alhambra, aunque él, con extraordinaria maestría, lo sitúa en su Úbeda natal, siendo una de las mejores narraciones de final de siglo. En esta obra se inspiraría también el director de cine Imanol Uribe para llevar los sucesos a la gran pantalla, en un crimen y en unas correrías que no dejó prácticamente indiferente a nadie. Y mucho menos a los siempre pacíficos y entrañables granadinos.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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