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El «Sacamantecas»: un mítico asesino en serie del siglo XIX - Historia de la Crónica Negra

El «Sacamantecas»: un mítico asesino en serie del siglo XIX

Juan Díaz de Garayo, conocido popularmente como «El Sacamantecas»

Su figura, o cuando menos su leyenda y el mito que se ha generado en torno a sus macabras andanzas han llegado hastas nuestros días, con una historia más o menos deformada en función de las circunstancias. Asimismo, se han dibujado o narrado otros personajes alternativos a quienes se ha dado su misma categoría dependiendo del lugar de la geografía española en la que sucedieron algunos hechos luctuosos semejantes a los protagonizados por el tristemente célebre Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, quien daría pie a un mítico personaje de la cultura española que sería conocido como «El Sacamantecas», utilizado otrora para asustar a los más pequeños. De la misma manera, se generarían infinidad de leyendas que aseguraban haberlo visto en distintas épocas y distintos puntos de toda la geografía ibérica. Pero eran tan solo eso. Leyendas, que horrorizaban una tiempo en que las andanzas de individuos similares, entre ellos el famoso «hombre-lobo» de Allariz, habían generado un gran número de tragedias de forma muy macabra. Poco o nada se estudiaba acerca de la personalidad de estos sujetos en la época en la que les tocó vivir debido a que la psicología todavía estaba en pañales y el campo de la neuropsiquiatría era prácticamente inexistente. Solamente vivieron acompañados de los prejuicios de su tiempo y sus figuras pasaron a la historia como la de auténticos malvados capaces de cometer las peores tropelías jamás imaginadas.

La vida de Díaz de Garayo se inicia en la localidad alavesa de Eguiluz el día 17 de octubre de 1821, en el seno de una familia muy humilde, que ni siquiera le puede ofrecer una mínima preparación, por lo que se ve obligado a trabajar desde que era un niño, al servicio de distintas familias. en las que ocupó distintos empleos, todos ellos muy duros. Carbonero, pastor y labrador fueron algunos de los oficios que desarrolló antes de convertirse en uno de los más célebres asesinos en serie españoles de todos los tiempos. Cuenta el periodista Ricardo Becerro de Bengoa que su conducta fue «intachable» en aquellos primeros años, por lo que nadie se podría imaginar lo que terminaría sucediendo tan solo unos años más tarde.

Contraería matrimonio por vez en 1850 primera con una viuda, Antonia López de Berrosteguieta, después de haber entrado como criado en su casa. Tras sus primeras nupcias, encontró la calidez y la concordia necesarias con la mujer con la que se había desposado. Sin embargo, su esposa fallecería en el año 1863, sumiéndose Díaz de Garayo en un estado de abandono absoluto, que incluso le hacen olvidar la hacienda en la que trabaja y comienzan los primeros enfrentamientos con sus tres hijos. Tan solo un año más tarde, en 1864, contrae de nuevo matrimonio. En esta ocasión la elegida es Juana Salazar, otra mujer viuda con hijos. A diferencia de lo que había acontecido con su primera relación, en esta ocasión la convivencia será tormentosa y la pareja no llegaría a funcionar nunca, siendo tildado su carácter de «violento» por Becerro de Bengoa.

Primer asesinato

El temible Díaz de Garayo comenzará su actividad delictiva cuando era un hombre maduro que se acercaba a los cincuenta años de edad, asesinando a nueve mujeres en la década de los setenta del siglo XIX, al tiempo que generaba una situación de terror y temor entre las féminas de la Llanada alavesa, el valle en el que se enclava la capital de la provincia, Vitoria. Su primera víctima sería una conocida prostituta vitoriana, conocida como «La Valdegoviesa», a quien daría muerte el día 2 de abril de 1870 en el paraje en el que se encuentre el cauce del arroyo Errekatxiki. Al parecer, el crimen vendría motivado a raíz de los honorarios que debía percibir la mujer por sus servicios. En un momento dado, «El Sacamantecas» le habría echado las manos al cuello, hasta dejarla semiinconsciente para, posteriormente, meterle la cabeza bajo el agua y así rematar la trágica y macabra faena. El cuerpo de la mujer sería encontrado al día siguiente por un joven que trabajaba de criado en una hacienda de la zona. Debido a que la investigación acerca de lo sucedido no avanzaba mucho, unido a los prejuicios que en la época despertaba la profesión de la víctima, hizo que el caso fuese provisionalmente archivado y con ello se permitiese que aquel energúmeno agrandase su tétrica leyenda.

Apenas un año después, llega un nuevo asesinatos que se producen en el mismo escenario que en el anterior y con similar modus operandi y también el mismo móvil. Una prostituta con quien discute acerca del precio de sus servicios. Sin embargo, apenas se hacen investigaciones lo que le llevará a perpetrar dos nuevos asesinatos en agosto el año 1872. Otra de sus víctimas vuelve a ser una prostituta, en tanto que la cuarta es tan solo una niña de trece años, un suceso que conmociona a toda la comarca y hace que el temor se instale en la capital alavesa y sus aledaños, temerosas las mujeres de caer en las garras de un brutal depredador carente de cualquier escrúpulo.

En el año 1872 contraerá matrimonio por tercera vez. En esta ocasión se casa con Agustina Ruiz de Loizaga, quien fallecerá cuatro años más tarde, en un suceso que nunca se ha aclarado y que quedaría sumido en un gran misterio, si bien nunca llegó a haber pruebas que incriminasen de su muerte a quien era su marido. Mientras tiene la compañía de una mujer, su actividad sádica disminuye sensiblemente, aunque continúa arremetiendo contra algunas mujeres, una de ellas es una anciana que se dedicaba a la mendicidad, quien, tras llegar a un acuerdo, es indemnizada con veinte pesetas de la época, no sin ofrecer cierta resistencia a que el castigo no sea mayor para su agresor.

Al mes siguiente de quedar viudo por tercera vez, contraerá nuevas nupcias por cuarta vez en su vida con una mujer de avanzada edad, Juana Ibisate. Esta última relación será un auténtico fracaso desde el primer día. A lo largo del tiempo que hacen vida en común, son frecuentes los insultos y las agresiones verbales de la pareja, al tiempo que descuidan enormemente sus tareas domésticas. Díaz de Garayo está más pendiente de beber que en atender su hacienda, al tiempo que prodiga nuevos ataques contra otras mujeres.

Últimos crímenes y captura

Entre 1878 y 1879 incrementará su sádica actividad delictiva, dando muerte a una apuesta campesina de tan solo 25 años en el mismo paraje por el que solía desarrollar sus macabros acontecimientos. Tras entablar conversación con ella en la carretera próxima, repite su forma de actuar echándole las manos al cuello y llegando a ofrecerle dinero a cambio de su silencio. En vista de su negativa, intenta violar a la muchacha cuando se encuentra en estado agónico. Finalmente, la destripará con la navaja que porta consigo, siendo a partir de este suceso cuando se gana el triste y macabro apelativo de «Sacamantecas», que en un futuro no muy lejano serviría para atemorizar a muchas generaciones de pequeños españoles, llegando incluso hasta nuestros días.

La primera vez que pasará por los muros de la cárcel fue cuando intentó estrangular a una mujer que se ocupaba de un molino, el día 1 de noviembre de 1878, que responde al nombre de Ángela de Armentia. La molinera se resistió a los deseos del criminal y conseguiría escapar de sus temibles garras, denunciando el hecho ante las autoridades. Sin embargo, la pena impuesta es muy leve, pues solamente es condenado a cinco meses de cárcel, lo que dará pie a que cometa dos nuevos asesinatos al año siguiente. Sus dos últimas víctimas son una mujer de 25 años y otra de 52, con la que repite el mismo ritual que había empleado con las siete anteriores víctimas, así como también el mismo escenario, lo que contribuirá a su inmediata captura.

Será el alguacil Pío Jesús Fernández de Pinedo quien ponga fin a las macabras andanzas de un hombre que ha atemorizado a lo largo de casi una década a la Llanda alavesa. El oficial de justicia ha reunido suficientes pruebas y testimonios para encausar a Juan Díaz de Garayo, quien será detenido el 1 de septiembre de 1880. Ahora de nada le servirá la locuacidad ni tampoco su verborrea para esquivar la acción de la autoridad judicial, tal y como había ocurrido en otras ocasiones. Su definitiva detención llevará una cierta calma a la provincia vasca y comenzará una macabra leyenda que traspasará incluso fronteras acerca de la actividad delictiva de uno de los peores enemigos públicos de la historia contemporánea de España

Ejecución y leyenda

Juzgado por un tribunal, que le declaró culpable, Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, conocido ya popularmente como «El Sacamantecas» será ajusticiado el 11 de mayo de 1881. En su última etapa carcelaría parece ser que aprendió a leer y escribir, algo que no había podido en su azarosa y macabra vida, en la que su único objetivo fueron las sádicas y crueles relaciones con las mujeres a las que no dudaba en darles muerte por el motivo más nimio. Antes de ser ejecutado, fue examinado por doce forenses, quienes llegaron a la conclusión que aquel asesino en serie era consciente de sus actos como el más civilizado de los ciudadanos, no pudiendo ser considerado un enfermo mental como sí lo había sido el «hombre-lobo» de Allariz, que fue prácticamente coetáneo suyo, aunque ya hacía casi tres décadas que había fallecido cuando fue ejecutado el criminal vasco.

Hubo una voz discrepante en todo este asunto, que fue la del psiquiatra alicantino, el célebre doctor José María Esquerdo, quien estaba convencido que sí efectivamente se encontraban ante un individuo a quien afectaba alguna patología mental. Su razonamiento era muy simple, pero basado en evidencias científicas. Decía que «es un loco que aparenta estar cuerdo». Sin embargo, su teoría caería en saco roto en un tiempo en el que la psicología y neuropsiquiatría se encontraban todavía en pañales.

Por esta época estaba en boga la frenología, cuyas teorías son refutadas en la actualidad, así como el autor de las mismas, el criminólogo italiano Cesare Lombroso, quien sostenía que los delincuentes y criminales obedecen a un determinado patrón anatómico en sus rasgos faciales, así como cerebrales. No obstante, al igual que ocurría con el doctor Esquerdo, tampoco se tuvieron en cuenta estas teorías. De hecho, se dice que una niña llamó por el apodo por el que sería conocido a Díaz de Garayo antes de haberle imputado ningún crimen, pero que se sospechaba que eran todos obra del mismo autor y, dada su extrema crueldad, se rumoreaba que eran obra de un «Sacamantecas».

La leyenda en torno a sus macabros actos ha llegado hasta nuestros días y ha recorrido toda la geografía española, atribuyéndose tan macabro mote a otros individuos que perpetraron hechos similares, aunque no en tan elevado número, en otros puntos de España. Son también muchas las historias que se han contado a lo largo de los últimos 140 sobre tal o cual energúmeno, a quien vox populi no ha dudado en atribuir el mismo alias que al tristemente célebre Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña, quien muchos años después de su muerte sigue siendo objetivo de artículos periodísticos, reportajes de televisión y como no, del séptimo arte, ya que su figura ha sido llevada al cine con notable éxito. Y es que los malos, y cuanto más malos peor, generan muchas ansias de morbo, aunque desde aquí deseamos firmemente que no vuelvan a nacer tan tétricos personajes como el que serviría para asustar a millones de niños españoles a lo largo de muchas generaciones cuando hacían alguna trastada o simplemente no se querían ir a dormir.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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