Impunidad para el asesino de dos mujeres en una aldea de Lugo en 1962

Última página del diario EL PROGRESO dando cuenta del suceso.

La provincia de Lugo siempre tuvo la fama de ser un territorio un tanto anodino, en el que jamás sucedían cosas que cambiasen su rutinaria forma de vida. Sin embargo, hace ya casi sesenta años, ocurrieron algunos relevantes acontecimientos que pusieron al territorio meridional gallego en el mapa. Sin lugar a dudas, el más importante de todos fue el nombramiento del político originario de Vilalba, Manuel Fraga Iribarne, como ministro de Información y Turismo. Algo era algo. Había que remontarse más de un siglo atrás para encontrar a un lucense formando parte de un Consejo de Ministros. Hasta tiempos de Nicomédes Pastor Díaz. El literato viveirense había sido fugaz ministro de Estado durante apenas un par de meses en el año 1856, lo que hoy en día se denomina Asuntos Exteriores. Aunque antes de que quien fuera Presidente de la Xunta de Galicia durante tres lustros formase parte del selecto club ministerial, la provincia de Lugo saltaría a la primera página de los medios de comunicación por un luctuoso suceso, curiosamente acontecido en la misma comarca de la que era originario quien se convertiría en una de las figuras políticas más destacadas a los largo de los cuatro últimos decenios del siglo XX.

Algo menos de dos meses antes de que Fraga ocupara el deseado banco azul, una pequeña aldea de la comarca de Terra Chá, en pleno centro de la provincia de Lugo, a caballo entre el interior más puro y la Costa lucense -mal llamada hoy en día A Mariña por cuestiones puramente comerciales- se producía un terrible y atroz suceso que conmovería profundamente a aquella pacífica, tranquila y preciosa contorna en la que tan solo eran noticia las muchas cartas que ya procedían de diferentes países europeos en detrimento de la ancestral emigración americana en la que también otro individuo oriundo de tierras luguesas se convertía en el dictador de un país caribeño, otrora denominado «la perla del Caribe«. En una pequeña aldea, de curioso nombre, Goberno, situada en el municipio de Castro de Rei, que traducido al castellano significa Gobierno, aparecían brutalmente asesinadas dos mujeres, una octogenaria y otra de una cierta edad, que vivían solas en una vivienda que reflejaba tan solo pobreza, inmundicia y miseria. Las víctimas eran Manuela Gómez Silvosa, de 80 años de edad e Inés Cal Gómez, sobrina de la primera, que contaba 58 años de edad.

Traumatismos en la cabeza

Los cuerpos de las víctimas aparecieron en los bajos de la vivienda destinados a la cuadra el día 18 de mayo de 1962. Ambas presentaban graves heridas en la cabeza, que les ocasionaron traumatismos cranoencefálicos que les provocaron la muerte. Todo indicaba que las mortales lesiones habían sido ocasionadas con algunos de los muchos aperos de labranza que poseían ambas mujeres, quienes vivían de la agricultura y la ganadería, hasta el punto de que hacía muy poco tiempo habían tenido algunas cabezas de ganado ovino y caprino. De hecho, algunas herramientas aparecerían manchadas de sangre y se apuntaba a que se podría haber producido una lucha entre las mujeres y su agresor. Los hechos fueron descubiertos debido a que los vecinos las echaban en falta de los escasísimos actos sociales a los que acudían, entre ellos a las celebraciones religiosas, a las que eran muy asíduas. La imagen de los cadáveres de las víctimas era dantesco, según reflejaba la prensa de la época. El diario EL PROGRESO de Lugo describe en su edición del día 27 del mes de autos el horror que vivió su redactor de sucesos ante tan desagrable y macabro suceso, que aparecía reflejado en su última página.

Aunque el hallazgo de los cuerpos se produjo el día 18, se apuntaba que el crimen podría haber acontecido quince días antes. Ambas mujeres apenas tenían contacto con el resto del mundo y vivían pobremente, a pesar de que habían atesorado una gran fortuna económica. Tenían cuatro reses de ganado vacuno, una de las cuales fue encontrada muerta, probablemente por inanición, en la cuadra en la que se encontraron los cuerpos de ambas víctimas. Otra de las vacas estaba fuera pastando, mientras que otra se encontraba con su cría en estado moribundo.

Gran cantidad de dinero

Una de las cosas que más sorprendió a las autoridades que investigaron el crimen fue la gran cantidad de dinero hallado en la casa. Se encontraron monedas de todas las épocas, resultando casi insólito que descubriesen cerca de quinientas monedas de plata de cinco pesetas, pertenecientes a tiempos pretéritos de la historia de España. No menos sorprendente fue que encontrasen hasta un total de 94.000 pesetas de la época en un baúl, que podrían ser al cambio actual, teniendo en cuenta la inflación, más de 50.000 euros. Las dos mujeres carecían de cualquier tipo de ingreso que fuese ajeno a la agricultura y la ganadería, cuyos beneficios solían ser muy exíguos. Sin embargo, todo indica que vivían con la obsesión de acumular y atesorar dinero, convirtiéndose en un fin en sí mismo, sin beneficiarse de las ventajas que les podría haber acarreado su situación económica.

A sus ansias de atesorar dinero y a que sacrificasen su bienestar personal, se sumaba la circunstancia de que carecían prácticamente de cualquier familia próxima que residiese en suelo español. La madre de Inés, la más joven de las víctimas, vivía en Buenos Aires desde hacía ya varias décadas y la relación con su hija y su hermana era escasa, limitándose a esporádicas cartas que se remitían mutuamente.

Otro de los hechos que sorprendió de sobremanera a los investigadores fue el hecho de que Inés Cal Gómez se encargase de hacer los áperos de labranza que empleaban en sus faenas agrícolas. Así, se decía que esta mujer había hecho los yugos de las vacas y los arados que había en casa. Las informaciones apuntaban a que esta última pudiese padecer algún tipo de trastorno mental a causa de algún desengaño sentimental ocurrido en su juventud, pues era una persona muy huraña y tendía al aislamiento en el que se había sumido junto a su tía.

Un detenido

A los pocos días de haberse producido el crimen fue detenido un joven empresario de la vecina parroquia de Ansemar, perteneciente también al municipio de Castro de Rei, Narciso Prieto Fontela, que contaba con tan solo 29 años de edad. El móvil del crimen se suponía que era el robo y que era alguna persona conocedora de la gran cantidad de dinero que había en aquella decrépita e inhóspita vivienda que tan solo destilaba desolación y miseria. A todo ello se sumaba el hecho de que el detenido sufría graves problemas económicos y se encontraba acuciado por un sinfín de deudas que debía de satisfacer en un periodo relativamente corto de tiempo.

Interrogado por agentes de la Guardia Civil, el detenido y su esposa incurrirían en diversas contradiciones. Así, manifestó que el día de autos se encontraba en casa de un vecino de la parroquia de Castro de Ribeiras de Lea, aspecto este que fue rebatido por la persona aludida. Acerca de las heridas que presentaba en el rostro, manifestaría que las mismas habían sido ocasionadas al caerse de la motocicleta que conducía días atrás, aunque parecía proceder de una pelea que, supuestamente, pudo haber mantenido con la más joven de las mujeres. De hecho, no se hallarían huellas en el lugar en el que presuntamente había sufrido el accidente, en tanto que el vehículo no presentaba ningún desperfecto ocasionado a causa de ningún siniestro.

Cuando parecía que todos los cabos estaban atados y que el hecho estaba en vías de resolución, el único detenido por aquel gravísimo suceso, Narciso Prieto, fue puesto en libertad por el Juzgado de Instrucción de Lugo que se encargaba del caso, al entender que se carecían de pruebas concluyentes que pudiesen encausar al sospechoso.

Con la puesta en libertad del único encausado hasta aquel momento, y a la vista de que no se encontraban nuevas pruebas que pudiesen contribuir al esclarecimiento del suceso, el doble crimen de Goberno, la bella aldeíta de curioso y singular nombre, dormiría el sueño de los justos o en este caso de los injustos en las vetustas dependencias de un juzgado de Lugo, quedando relegado a la más absoluta impunidad. Sesenta años más tarde, ya nadie se acuerda de aquellas dos pobres mujeres que fueron vil y cruelmente asesinadas el mismo año en que un convecino suyo se convertía en ministro de Información y Turismo. Como mera anécdota, cabe señalar que el único detenido fallecería cincuenta años más tarde, en febrero del año 2012, en un trágico accidente de tráfico en la principal carretera comarcal de la contorna. Una vida marcada por la tragedia. Nadie lo duda.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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