Dos crímenes sexuales sin resolver en Galicia

Noticia del hallazgo del cuerpo de Socorro Pérez en FARO DE VIGO

Son dos trágicos y desgraciados sucesos que guardan demasiados paralelismos entre sí. Eran dos mujeres todavía jóvenes, que ya se encontraban en la cuarentena. Ambas salieron a ejercitarse en un día festivo. Una a dar un corto paseo por una zona conocida y la otra a hacer footing por un área que conocía bien y, por sí las coincidencias fuesen pocas, ambas murieron asesinadas después de haber sido violadas por algún desalmado que -según fuentes policiales- habrían elegido a sus víctimas al azar. Solo les diferencia en que mientras el cuerpo de Elisa Abruñedo fue encontrado el mismo día en que murió, el de Socorro Pérez sería hallado un mes más después de su muerte.

El primero de septiembre de 2013 Elisa Abruñedo, de 46 años de edad, salió a caminar sola por una senda corta y menos apartada de lo que era su costumbre hacerlo. Sus hijos no se encontraban en casa, mientras que su marido, Manuel Fernández, había ido a un entierro. Tomó la ruta de Manxarín, sita en el municipio coruñés de Cabanas, situado en el litoral próximo a Ferrol. Era un itinerario corto, de apenas un par de kilómetros, que se encontraba salpicado de grupos de viviendas unifamiliares, a los que se sumaba un extenso área forestal. Llevaba pocas consigo, entre ellas su teléfono móvil y las gafas de sol, aunque las usaba graduadas, consideró que en esa jornada no le harían falta. De sus últimas horas, se sabe que se detuvo a conversar a vecina y que inmediatamente emprendió camino de regreso a su casa.

Fue precisamente en el último tramo, apenas a 200 metros de su domicilio, cuando algún energúmeno la abordó. No se sabe si lo hizo al azar o porque la conocía. Llegaría a especularse incluso que pudiese ser algún individuo que abandonó la autopista, muy próxima a la zona en la que aparecería su cadáver. Según los indicios hallados en aquel lugar, se supone que el asesino y violador atacó a traición a Elisa Abruñedo, por la espalda. Antes de darle muerte, la violaría y posteriormente la cosería literalmente a navajazos. Quizás para evitar un testigo incómodo.

Desde el día en que apareció el cuerpo sin vida de Elisa Abruñedo, la Guardia Civil inició las pesquisas para detener a su asesino, de quien el único rastro que se conoce es su ADN. De hecho, desde 2019 se inició una investigación a la inversa consistente en que vecinos de la comarca de Ferrolterra se sometan voluntariamente a esta prueba. Para ello han recurrido incluso a los archivos parroquiales de la comarca, tratando de bucear en algunos árboles genealógicos cuya antigüedad podría remontarse a hace ya más de dos siglos, siendo muchas las personas que se presentaron a realizar las pruebas genéticas. El objetivo de las mismas estriba en la hipotética coincidencia del ADN de las familias con el hallado en el cuerpo de la mujer asesinada y así localizar a individuos de esos clanes familiares cuya conducta pudiese ser objeto de sospecha, aunque por ahora no ha dado los resultados esperados.

El asesinato de Socorro Pérez

Si misterioso fue el asesinato de Elisa Abruñedo, no lo es menos el de Socorro Pérez, una mujer de 43 años de edad, soltera y sin problemas económicos ni de ningún otro tipo. Era una empleada del servicio de limpieza del Complejo Universitario Hospitalario de Ourense, que llevaba una vida metódica y ordenada. Además, mantenía unas magníficas relaciones con todos los miembros de su familia, especialmente con sus padres, pues era hija única. Aunque era muy reservada, se sabe que en ese momento no tenía, al menos que se supiese, ninguna relación sentimental.

El primero de mayo de 2015, fiesta del Trabajo e inició de un pequeño puente al coincidir en viernes, Socorro Pérez fue a comer a casa de sus padres, después de hacer algunos labores en su domicilio, ubicado en el popular barrio ourensano de O Couto. Allí había dejado todo perfectamente preparado. Desde su cartera hasta el móvil, así como la comida preparada para la cena y que nunca llegaría a tomar, ya que jamás regresaría a su casa.

Socorro Pérez se había aficionado al deporte y la vida sana desde hacía algún tiempo, siendo muy habitual verla correr por las inmediaciones del río Miño, siendo el Paseo de las Ninfas su lugar predilecto para la práctica deportiva. En aquella jornada, muy cerca de por donde corría esta mujer, en el barrio de Vistahermosa se estaban celebrando sus fiestas patronales, por lo que era frecuente la presencia de feriantes e incluso de forasteros procedentes de otros puntos de la provincia de Ourense.

La alarma saltaría al día siguiente cuando la madre de Socorro se dirigió hacia su domicilio. Después de llamar insistentemente al telefonillo de la puerta, se percató que su hija no respondía, algo que a ella no le cuadraba. Ambas se habían citado para acudir hasta el balneario sito en el municipio de Ferreira de Pantón, al sur de la provincia de Lugo, prácticamente delimitando con la de Ourense. Se dirigieron al piso en el que vivía la mujer y encontraron todo tal cual lo había dejado el día anterior. Sus familiares desecharon en todo momento que la ausencia de Socorro Pérez fuese voluntaria, pues no era una persona que tomase decisiones a la ligera.

Crisis en la Comisaría

Al igual que de una película de suspense se tratase, por aquel entonces la Comisaría de Policía de Ourense vivía en permanente crisis por algunos sucesos que la habían convertido en una auténtica jaula de grillos. De ella habían desaparecido hasta media docena de armas, al tiempo que había sospechas de que desde allí habían partido algunos chivatazos a conocidos narcotraficantes. Por si todo ello no fuese suficiente, se especulaba también acerca de la misteriosa muerte de un agente. Eran demasiadas cosas turbias que llevó a pensar a la familia de la todavía entonces desaparecida acerca de la falta de pericia en la resolución del caso, a lo que añadían un supuesto desinterés. De hecho, llegarían a quejarse en distintos medios de comunicación de cómo se estaba llevando el caso, manifestando que había víctimas de primera y segunda categoría y ellos se encontraban encuadrados en esta última clasificación.

El día 6 de junio de 2015 unos cazadores alertados por una bandada de cuervos encontrarían el cuerpo sin vida de una mujer, que se encontraba ya en avanzado estado de descomposición. Todo indicaba que se trataba del cadáver de Socorro Pérez, quien había desaparecido hacía ya casi cuarenta días. En la escena del crimen no se hallaría ni ADN ni ningún otro indicio que pudiese conducir al autor material del crimen. El cuerpo hallado se encontraba semidesnudo de cintura para abajo lo que hacía presumir, como así confirmaría la autopsia, que la mujer había sido violada antes de ser asesinada. Presentaba también un fuerte golpe en la cabeza que fue lo que le produjo la muerte.

La investigación policial, muy criticada por la familia de Socorro Pérez, concluyó que la víctima había sido elegida al azar por su asesino y que aprovechando la soledad del lugar la acometió primero para violarla y posteriormente para asesinarla. Al parecer se investigaron hasta un total de medio centenar de condenados por delitos sexuales, aunque una gran parte de los mismos fueron descartados por eliminación. También se examinarían las conexiones de un poste de telefonía, próximo al lugar donde apareció el cadáver de la mujer asesinada.

Dos años más tarde del asesinato de Socorro Pérez, con motivo de la detención del asesino y violador de Diana Quer, en la localidad coruñesa de Rianxo, se especuló con la posibilidad de que en breve también sería capturado el desalmado que cometió este crimen. Sin embargo, las esperanzas de la familia resultaron en vano, pues el caso de Socorro Pérez, al igual que el Elisa Abruñedo, continúan abiertos a la espera de que todavía paguen con la cárcel sus autores, aunque hay que tener en cuenta que el tiempo juega siempre en contra de las víctimas y ya han transcurrido nueve y siete años respectivamente desde que se cometieran tan horrendos y execrables crímenes.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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