El cuádruple crimen de Benimussa en Ibiza, uno de los mayores misterios de las últimas décadas

Richard Smitz junto a una de sus hijas, el cabeza de familia que fue asesinado junto a los restantes miembros de su clan

Como todos los veranos, el de 1989 se presentaba movido en las Islas Baleares debido a la gran cantidad de turistas que se acercaban al archipiélago balear, siendo los alemanes quienes acudían en masa hasta aquel paridisíaco lugar. Lo que nadie se podía imaginar en aquel mismo año, que ya había testigo de un crimen múltiple en tierras peninsulares, se produjese un macabro y aterrador suceso del que jamás se pudo saber quien era su autor o autores, ni siquiera el móvil que se escondía detrás de aquella brutal masacre.

En la madrugada del 23 al 24 de agosto de 1989 era asesinado en Benimussa, en el área rural ibicenca el matrimonio formando por Richard Smitz, de 51 años y su esposa Beate Josefine Werner, de 43, así como sus dos hijas pequeñas de seis y cuatro años respectivamente. El método utilizaro para terminar con sus vidas fue de los más crueles, el estrangulamiento, que supuestamente obedecía a algún tipo de ritual mafioso en lo que constitutía, según las investigaciones policiales, un ajuste de cuentas motivado por el tráfico de drogas.

Los cadáveres de las cuatro víctimas serían encontrados días más tarde enterrados bajo una capa de hormigón, en un desnivel de una obra en construcción que se estaba llevando a cabo a escasos metros del chalet que ocupaba la familia asesinada. Un enjambre de moscas, unido al fuerte hedor que desprendían los cuerpos fue motivo suficiente para que los investigadores examinasesn el lugar, descubriendo que allí se había cometido un espeluznante crimen, en el que las víctimas habían sido torturadas y estranguladas con cables e hilos de alambres. El suceso provocaría una fuerte conmoción y sorpresa en la isla, pues no era habitual que por ella campasen capos de las mafias dedicados al tráfico de estupefacientes.

Narcotráfico

Tras el descubrimiento del truculento cuádruple crimen de Beninmussa, se supo que Richard Smitz trabajaba para una organización de distribuidores de cocaína en Europa, a las órdenes de Jorge Luis Ochoa, uno de los máximos responsables del «Cartel de Medellín». A mediados de julio de aquel año, 1989, la Policía alemana interceptó un cargamento de más de 600 kilos de cocaína en Munich, que pertenecían al grupo para el que trabajaba el alemán asesinado en Ibiza. La red de narcos sospechó que tal vez Richard Smitz había informado del hecho a las autoridades policiales de Alemania, por lo que decidió dar un «escarmiento» a la familia, que además sirviese de ejemplo para otros miembros que estaban a su servicio. Esta fue la principal hipótesis que barajó la Policía española.

Algunos días más tarde, la Interpol localizaba e identificaba en Marruecos a dos ciudadanos marroquíes que aparecían como principales sospechosos del asesinato de la familia Schmitz. Los dos sospechosos, que trabajaban en la construcción de un edificio ilegal promovido por las víctimas tuvieron una coartada para justificar su repentina ausencia de Ibiza, con lo que cobraba más fuerza la hipótesis de que el cuádruple asesinato obedeciese a un ajuste de cuentas. A ello se unía la sospecha, en la reconstrucción del crimen, que las dos pequeñas del matrimonio fuesen estranguladas lentamente en presencia de sus progenitores para que estos ofreciesn alguna información sobre lo acontecido en Munich. La coartada ofrecido por ambos magrebíes, de 25 y 26 años respectivamente, era el grave estado de salud de la madre de uno de ellos.

En el meollo de la cuestión también podrían hallarse los supuestos negocios inmobiliarios ilegales en los que se encontraba inmerso el cabeza de familia, los cuales estaban siendo investigados por un juez de la isla, así como la conexión que mantendría con compatriotas suyos que habían adquirido apartamentos en Ibiza.

En 1989 el cártel de Medellín hizo estallar millares de bombas como nueva forma de justicia del narcoterrorismo. Volaron coches, autobuses, periódicos, sedes de partidos y hasta un avión. En ese tiempo, Schmitz, a quien la DEA señalaba como uno de los responsables de blanqueo de capitales del cártel en Europa, se hacía con dos mansiones en Ibiza, y comenzaba al lado de una de ellas las obras de un edificio de cuatro plantas, que el Ayuntamiento de San José pretendía derribar justo antes de que acabara por convertirse en su tumba.

Richard Smitz tampoco contaba con el aprecio de sus convecinos, debido a los malos modales que utilizaba con su esposa e hijas a las que nunca se dirigía con buenas palabras. Asimismo, proseguía manteniendo una fluida y cordial relación con su ex-esposa, quien conservaba su apellido, resultando esto último muy sospechoso, ya que se la relacionaba directamente con sus actividades ilícitas.

Con el cuádruple crimen de 1989, la isla de Ibiza perdería su inocencia. A partir de ese momento se encontró en el punto de mira de muchos investigadores y algunos llegaron a la conclusión de que era un paraíso oculto para muchos narcotraficantes, que blanqueaban su dinero adquiriendo y construyendo grandes urbanizaciones que, aunque proporcionaban prosperidad a la isla, detrás de ellas se encontraba la oscura mano del narcotráfico que todo lo tiñe de negro y que a veces provoca sucesos tan desagradables y desgraciados como el que aquí se ha narrado.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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