Un adolescente asesina a sus padres y su hermana con una katana

El joven José Rabadán en el momento de ser detenido

Fue sin lugar a dudas uno de los crímenes más mediáticos de la historia reciente de España. Tanto por la juventud del criminal como en la forma en que se desarrolló aquel trágico episodio que consternó y hasta asombró a toda España, que se encontraba ya en los estertores del siglo XX. Su protagonista sería un muchacho muy joven, José Rabadán, no muy buen estudiante que había repetido hasta en dos ocasiones tercer curso de la ESO, era un muchacho retraído e introvertido, en opinión de quienes lo trataban. Era aficionado a las artes marciales y coleccionaba armas, algunas de ellas de gran tamaño, consideradas peligrosas y agresivas, como machetes, cuchillos picahielos y katanas, con una de las cuáles -regalo de su padre- terminaría por cometer aquel abominable crimen. También le encantaba la informática y los videojuegos, así como a las charlas a través de Internet, así como al satanismo, en cuyas lecturas se prodigaba y a las que él -años más tarde- terminaría por achacar aquel abominable crimen. Tenía especial temor a su padre, quien le había recriminado en más de una ocasión su bajo rendimiento académico.

El día primero de abril del año 2000, al amanecer, decidió acometer la macabra hazaña que le reservaría un triste lugar privilegiado a perepetuidad dentro de la historia de la crónica negra española. Se dirigió hasta la habitación que ocupaba su padre, José Rabadán Tovar, de 51 años, a quien acometió con la katana que el mismo le había regalado. Sin pensárselo dos veces, le propinó tres terribles golpes en la cabeza para luego clavarle el arma hasta en cinco ocasiones en el pecho, suficientes para terminar con su vida. Pero, aquella grotesca función no había hecho más que comenzar. La siguiente en su objetivo fue su madre, Mercedes Pardo Pérez, de 54 años, quien en ese momento se encontraba en la habitación de su hija, María, de nueve años, aquejada de síndrome de Down. Su progenitora al verlo se espantó y solicitó auxilio de su marido, ignorando que ya era cadáver. La golpeó con tal saña que terminaría por romper el arma. Tampoco le dolieron prendas a la hora de dar muerte a su hermana, acto que justificó ante la Policía señalando que no le quedaba otro remedio, pues se quedaba sola en el mundo.

Huida

Como si nada hubiese sucedido, José Rabadán iniciaría la huida de su domicilio, no sin antes haber introducido el cadáver de su hermana en una bañera con agua. Con el de su padre nada pudo hacer, pues pesaba demasiado y lo dejó en las inmediaciones del cuarto de baño. Su objetivo es que los vecinos no se enterasen del hedor que desprendían los cuerpos exangües. Provisto con tan solo 15.000 pesetas, alrededor de noventa euros actuales al cambio, su objetivo era trasladarse hasta Barcelona en la búsqueda de Sonia, una joven con la que había contactado a través de Internet y con la que chateaba largas horas durante la madrugada. De hecho, la madre de Rabadán había ocultado a su marido las elevadas facturas telefónicas que se abonaban cada mes en su domicilio como consecuencia del mucho tiempo que dedicaba su primogénito a las charlas telefónicas y a los chats a través de la red.

Tres días más tarde, cuando ya se había descubierto el horrible crimen, José Rabadán sería sorprendido en la Estación de tren de Alicante en compañía de otro amigo por un vigilante quien ya estaba al tanto de lo sucedido y reconoció al joven. Le manifestaron que era de Murcia y que se trasladaba a Barcelona para visitar a su abuela. El guardián les exigió el carnet de identidad, que no portaba ninguno de los dos, por lo que procedió a dar conocimiento a la Comisaría de Policía de lo sucedido, con el objetivo de que ambos chavales fuesen identificados. Es aquí cuando termina la corta peripecia de José Rabadán, quien en su declaración ante los agentes se porta con una soprendente frialdad. Les manifestaría que el móvil del crimen era el hecho de iniciar una nueva vida en la que sus padres no lo persiguieran, mientras que a su hermana la habría matado para que no sufriera y no se quedase sola en el mundo.

Polémica setencia

José Rabadán obtendría una sentencia muy beneficiosa para sus intereses al ser menor de edad, pues sería condenado únicamente a seis años de internamiento en un centro de menores, lo que desataría una fuerte contestación social, incluso desde el propio estamento judicial. Desde este último se escucharon voces muy críticas con aquella sentencia, que había obedecido principalmente a los informes periciales de los psiquiatras quienes habían constatado que el joven criminal padecía un grave trastorno mixto de personalidad con rasgos esquizoides, narcisistas, antisociales y sádicos que a juicio de los psiquiatras disminuían levemente su capacidad de comprensión emocional de las consecuencias de sus actos. Asimismo los propios médicos aconsejaban que «dada su peligrosidad potencial por el trastorno de personalidad que padecía debería pasar varios años ingresado en una institución psiquiátrica penitenciaria o similar para tratar sus problemas mentales y rehabilitarlo socialmente».

En su estancia en el centro de rehabilitación de menores, José Rabadán recibiría infinidad de cartas de chicas jóvenes que le manifestaban su admiración, entre ellas las famosas asesinas de San Fernando. Con una de sus fans, incluso se planteó la posibilidad de casarse, si bien es cierto que esta idea no terminaría por cuajar. Incluso recibiría una misiva del centro de Mansilla de las Mulas, en León, de una Iglesia Evangélica, «Nueva Vida», dedicada a la rehabilitación de presos. A partir de esta última propuesta, conocería a una muchacha que era hija de un pastor evangélico con la que reharía su vida, viviendo en una comunidad en Cantabria.

En 2017 volvería a estar en la atención de los focos informativos al protagonizar un documental en el que reconstruía y relataba los trágicos acontecimientos que había protagonizado en Murcia. Rabadán los achacaba a las influencias satánicas de sus lecturas y mostraba su arrepentimiento y aparentaba ser un hombre socialmente reinsertado que ya había formado su propia familia. Sin embargo, en el aire siempre flotará la eterna interrogante de porqué acometió aquella macabra y brutal bribonada que oscureció el fin del milenio en España que, aunque por muchas explicaciones que facilité, nunca será fácilmente asimilable ni mucho menos comprensible.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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