Ejecutados en el garrote vil por asesinar a tres personas en Menasalbas (Toledo)

Plaza de Menasalbas donde fueron asesinadas dos viudas por un grupo de asaltante

Eran otros tiempos en los que los vividores de medio pelo y amigos de lo ajeno también sabían localizar perfectamente a sus víctimas, como no podía ser menos. A finales del siglo XIX. Uno de los estamentos más cotizados a la hora de realizar asaltos y atracos solían ser las casas rectorales y las familias en cuyo seno había algún sacerdote, pues se suponía -no exentos de cierta razón- que en aquellos domicilios se atesoraba una buena cantidad de dinero debido a las donaciones que recibían de sus feligreses en un tiempo en el que la Iglesia Católica era una de las grandes instituciones en torno a la cual se articulaban importantes núcleos de poder social.

En esa época fueron varios los asaltos que tuvieron lugar a casas rectorales y viviendas sacerdotales, dándose la circunstancia de que hubo más de un religioso fallecido como consecuencia de los mismos. Un hecho luctuoso y de gran calibre tuvo lugar el primero de octubre de 1892 en la localidad toledana de Menasalbas, en plena comarca de loas Montes Toledo cuando fueron asesinadas de noche dos mujeres viudas, Felipa Díaz Espinosa, de 80 años de edad y su criada Isabel Iglesias Medina, de 72. La primera de ellas era la madre del sacerdote Gabriel Moreno, quien ese día no se encontraba en casa debido a un viaje pastoral.

A finales de agosto de aquel mismo año, la residencia del clérigo había sido ya asaltada por los mismos delincuentes que le dieron muerte a su progenitora y la criada. Entonces comenzó a divulgarse un runrún de que los ladrones no habían llevado realmente todo el dinero que había en el domicilio del religioso. Se supone que estos rumores llegaron a oídos de los asaltantes, quienes algún tiempo después volverían a acometer una fechoría similar, aunque en esta ocasión con el despropósito de dejar a dos víctimas mortales en su truculento trayecto.

Una reja rota

El día de autos tanto la propietaria de la casa como su criada ya se habían acostado. Los asaltantes penetraron por una reja que habían roto, cuyos ruidos no pasaron desapercibidos para las dos moradoras de la casa. La criada Isabel Iglesias fue quien primero se percató del estruendo provocado por los ladrones, por lo que decidió avisar a su señora, vistiéndose ambas a toda prisa para intentar conocer lo que estaba sucediendo.

En un pasillo se encontraron con algunos de los cinco ladrones que habían asaltado la residencia familiar del sacerdote. Estos, sin pensárselo dos veces, la emprendieron a cuchilladas con las dos mujeres. La criada falleció prácticamente al instante al recibir la primera cuchillada, en tanto que Felipa Díaz, a pesar de sufrir graves heridas, sobrevivió en un principio al ataque, aunque terminaría falleciendo tan solo 24 horas después del trágico episodio que ya le había costado la vida a otra mujer. Debido al grave estado en que se encontraba, apenas pudo facilitar datos al juez para poder capturar a sus asesinos, por lo que el caso tardaría casi cuatro años en resolverse.

En ese interín que va desde 1892 hasta 1896 aquella banda de cinco hombres compuesta por los hermanos Tomás y Raimundo Guzmán y Marín, Braulio Camino, Nemesio Gutiérrez y Félix Iglesias tuvieron tiempo de dar muerte a una tercera persona. Se trataba de un hortelano vecino de la zona, quien supuestamente les habría insinuado en el transcurso de una discusión su implicación en el crimen que había costado la vida a la madre de Gabriel Moreno y su criada.

El teniente Leardi

Para que este trágico episodio no quedase impune se echó mano de un prestigioso oficial de la Guardia Civil, el teniente José Leardi de los Santos Reyes, un experto investigador que se haría famoso por haber resuelto con éxito varios casos de asesinatos y atracos en la provincia de Toledo. Tardaría un par de años en obtener alguna pista fiable y esta fue una confidencia que le hizo una persona que ha permanecido en el anonimato. A raíz de la misma serían detenidos cuatro de los implicados en los dos crímenes en los que habían muerto tres personas. El oficial de la Benemérita se encontró con el problema que algunos de los involucrados guardaban algún parentesco con el juez de Menasalbas, lo que dificultó su detención.

Al ser detenidos los cuatro, inmediatamente se detuvo al quinto, Raimundo Guzmán y Marín, que era el que faltaba. La vista oral se celebró en la Audiencia Provincial de la capital toledana en abril del año 1896. El fiscal solicitó en un principio cinco penas de muertes para los encausados. Finalmente solo los dos hermanos Tomas y Raimundo Guzmán serían condenados a la pena capital, en tanto que los restantes serían sentenciados a 18 años de cárcel, en el caso de Braulio Camino y Nemesio Gutiérrez; en tanto que la condena que recaería sobre Félix Iglesias era de 12 años de prisión.

Los dos hermanos, conocidos como «Los Marines», conocidos delincuentes de la comarca de los Montes de Toledo, aficionados al juego y al alcohol, no obtendrían la gracia del indulto y el ejecutor de sentencias Salustiano de León, un antiguo zapatero de 53 años de edad, apretó la manivela de un viejo garrote vil a primeras horas de la mañana de un ya muy lejano 30 abril de 1897 en una céntrica plaza de Navahermosa. Ponía así fin a la vida de dos auténticos crápulas antes la asistencia de varios millares de personas en un tiempo en el que ya se cuestionaba la asistencia de público a estos dantescos espectáculos.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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