Historia de la Crónica Negra

Dos adolescentes asesinan a una amiga en San Fernando (Cádiz) (El crimen de «Las brujas de San Fernando»)

Las dos adolescentes, en el momento de pasar a disposición judicial

Fue un crimen que hizo contener la respiración a muchos españoles. Todavía no existían las redes sociales, pero había algunos jóvenes que trazaban su existencia por ciertos senderos que distaban mucho de la ejemplaridad. Sorprendió a los estudiosos e investigadores del caso la frialdad con que se comportaron las dos adolescentes asesinas a la hora de relatar los hechos. «Querían experimentar», «sentirse bien» «saber el que se siente cuando se mata a una persona». Ese era el macabro objetivo de un asesinato que conmovió a España entera cuando estaba a punto del expirar el siglo XX.

Raquel Carlet e Iria Suárez eran dos adolescentes que contaban 16 y 17 años cuando pergeñaron un crimen que pasará a los anales de la historia de la crónica negra. Nada de cuanto aconteció aquel día, 26 de mayo del año 2000 obedeció al azar ni a la casualidad. Todo estaba perfectamente preparado, incluso la víctima elegida, Klara García, una adolescente como ellas de 16 años, a quien consideraban una «persona débil» y «fácilmente impresionable». No les gustaba, principalmente a Iria, el recto rumbo que había tomado la otrora amiga suya, quien tenía novio formal desde hacía poco tiempo y no había descuidado lo más mínimo sus estudios, a diferencia de ellas cuyos excéntricos gustos llevarían el dolor a toda una localidad, San Fernando, conocida por sus instalaciones militares portuarias, que sucumbiría horrorizada a los designios que ambas jóvenes trazaron sobre una persona que estaba comenzando su existencia.

Antes de cometer el horrible crimen, ya habían efectuado un primer intento con otra persona en los aseos de una superficie comercial de la ciudad. Sin embargo, quien se iba a convertir en víctima tuvo la suerte de encontrarse con un guardia de seguridad que evitó la tragedia. No obstante, aquellas dos jóvenes aficionadas al esoterismo y al terror no se dieron por vencidas y aquel 26 de mayo convocaron a su amiga, Klara García en un descampado, conocido como «El Barrero», para llevar a cabo su truculenta experiencia. En torno a las diez de la noche se dieron cita en el lugar, desconociendo la víctima el porqué la habían llevado hasta aquel lugar.

Después de una breve charla, se tumbaron en el suelo. Sorpresivamente, según declaraciones de Iria Suárez, su cómplice Raquel Carlet Torrejón comenzaría a asestar puñaladas sobre Klara, quien en un momento dado les llegó a decir, según algunos militares que se encontraban en la garita y que escucharon algo de «jaleo»,»¿Para qué me habéis traído aquí, para matarme?» Exactamente era para eso. Hasta un total de 18 puñaladas recibió la joven víctima, cuyo cuello había quedado prácticamente seccionado por la furia asesina de las dos precoces criminales.

Se cambiaron la ropa

Después de perpetrar el horrible crimen, darían prueba una vez más de su sangre fría. Se dirigieron a sus respectivos domicilios a cambiarse la ropa para quedar con sus amigos en una nueva noche de marcha, al igual que si nada hubiese sucedido. A algunos de sus colegas les extrañó que nos les acompañase la víctima mortal, aunque no le concedieron mayor importancia. Además, ambas homicidas habían planificado todo hasta el más mínimo detalle. Prueba de ello es que Iria Suárez, que había resultado levemente herida en una mano cuando apuñalaban a Klara, se inventó la escusa de que se había cortado con un cristal. Para darle más veracidad a su hipotética coartada, llevaría a efecto un corte con un vidrio en la mano.

Al día siguiente, al ver que su hija no había regresado, los padres de Klara García presentaron una denuncia por la desaparición de su hija en la comisaría de Policía. Sin embargo, en torno a las diez de la mañana del 27 de mayo, un ciudadano anónimo que paseaba por la zona dio cuenta del hallazgo de un cadáver en medio de un gran charco de sangre en la zona de «El Barrero». No hubo duda ninguna desde el principio que se trataba de la joven desaparecida. Ahora faltaba encontrar al culpable o culpables de su asesinato.

La Policía comenzó a indagar en el círculo más próximo a la joven asesinada. Inmediatamente comenzó el cerco sobre Raquel e Iria, quienes habían inventado un relato con ciertos visos de credibilidad, pero que pronto se vino a bajo, ya que la policía provocaría que ambas muchachas cayesen en alguna contradicción y terminarían confesando su culpabilidad. Desde un principio la mayor de ellas, Raquel, de 17 años, se atribuyó la autoría material del crimen, aunque la intelectual recaería sobre Iria, considerada una joven con un alto coeficiente intelectual, con capacidad de manipulación y ejercer de algún modo cierta influencia sobre su compañera, algo más recatada y con no tantas luces, a pesar de poseer la fuerza suficiente para matar a un ser humano.

Ser famosas, experimentar

Después de que hubiesen confesado el horrendo crimen, ambas jóvenes, de quienes se dijo que habían estado cantando en los calabozos, manifestaron que su intención era la de convertirse en famosas, además de experimentar que se siente cuando se mata a un ser humano. Su declaración no pasaría desapercibida para los agentes, que de nuevo mostraron su asombro por la frialdad que demostraban aquellas dos adolescentes, quienes no daban ninguna prueba de arrepentimiento por el escabroso y obsceno crimen que habían cometido.

La Policía indagó en sus círculos más cercanos y también en sus pertenencias. Las jóvenes habían experimentado un cambio radical en los últimos tiempos. Se habían decantado por una estética de carácter gótico, en la que predominaba el color negro, además de adentrarse en el oscuro mundo de los fenómenos paranormales y esotéricos, así como en un exacerbado gusto por el terror y la literatura de este último género. Con el crimen tal vez buscasen imitar a los grotescos personajes que aparecían reflejados en sus libros favoritos.

Otro aspecto que llamó la atención de quienes indagaron en este suceso, fue el hecho de que ambas muchachas demostrasen una gran admiración por José Rabadán, «El asesino de la catana», el joven que había dado muerte a toda su familia hacía escaso tiempo por aquel entonces. Se encontraron algunos recortes de prensa en su poder en los que se mostraba la personalidad del precoz criminal. Los padres de ambas negaron conocer las aficiones de sus hijas. Igualmente ha quedado descartado que mantuviesen alguna relación epistolar con el criminal murciano.

Ocho años de internamiento

En el juicio que se celebró en contra de ambas menores en noviembre del año 2001 Raquel Carlet Torrejón e Iria García serían condenadas a ocho años de internamiento en un centro de menores. Tampoco se quedarían al margen de la acción de la justicia los progenitores de ambas, que verían duramente hipotecadas sus respectivas vidas al tener que hacer frente a una responsabilidad civil que se elevaba a 240.000 euros, con los que deberían indemnizar a la familia de Klara Garcia. Algún medio de comunicación informó que esta elevada suma de dinero que se vieron obligados a pagar les ocasionaría la ruina económica a los familiares de las dos adolescentes asesinas.

A partir de ahí la vida de ambas amigas discurrirá por senderos muy distintos, a decir de los investigadores. Años más tarde, en 2017, siendo ya una adulta que se acercaba a la cuarentena, Iria García González saltaría de nuevo a los medios de comunicación, tras ser encontrada ejerciendo la profesión de maestra infantil en Oxford, circunstancia esta última que saltaría a los tabloides sensacionalistas británicos, quienes acusaron de escaso rigor al centro que la había contratado. Al parecer, la joven había mentido y estuvo detenida, siendo ahí cuando se le pierde definitivamente la pista. Esta muchacha había aprovechado su estancia en el correccional en el que fue internada para estudiar la carrera de psicología.

Distinta suerte correría su cómplice, Raquel Carlet Torrejón, a quien algunas informaciones periodísticas situaban en la capital de España después de haber hecho algún ciclo de formación profesional. A diferencia de la anterior, su vida discurrió en una mayor discreción y apenas se ha vuelto a saber más nada acerca de su existencia. Al parecer, ambas mujeres no se han vuelto a ver desde el famoso suceso que consternó a España entera hace ya más de dos décadas, en los albores del siglo XXI con un crimen propio del más rancio medievo.

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