Historia de la Crónica Negra

Asesina a siete personas en una noche en Bilbao («El carnicero de Bilbao»)

Ría de Bilbao

A mediados del siglo Bilbao estaba en pleno periodo de expansión hacia lo que en el futuro se convertiría en una de la urbes más grandes y lustrosas del continente. En ella vivía una pujante burguesía industrial y comercial, cuyo trabajo sería fundamental en el desarrollo de la villa vasca. Precisamente a esa burguesía pertenecen todos los protagonistas de esta cruda historia, que hemos conocido gracias al buen hacer del periodista y locutor bilbaíno Álvaro Anula, quien da cuenta del suceso a través de su blog alvaroanula.com. El suceso, demasiado truculento por cierto, se inicia con un muchacho malcriado perteneciente a una adinerada familia de la industriosa villa que se asienta a orillas del Cantábrico mientras cabalga a lomos de su ría, que también contará con cierto protagonismo en esta historia.

Eleuterio Ubarte de Granda era en el año 1847 el hijo único de un matrimonio a quien, según palabras del propio Álvaro Anulla, solamente se preocupaba de sus negocios y en sus ansias de amasar una mayor fortuna de la que ya contaban. El muchacho fue educado con los peores valores sociales que podrían inculcarse a cualquier vástago, sin escatimar los malos malos modos. Con 18 años el chaval se enamoró perdidamente de una joven quien además le correspondía. Sin embargo, su padre Juan Ubarte de Rubeno mostró al hijo su disgusto por esa relación, pues el había concertado un matrimonio con otra muchacha de una adinerada familia de la villa bilbaína, conocida como doña Bernarda. A pesar de la disconformidad paterna, el joven accedería a regañadientes a los deseos paternos, lo cual no fue óbice para que se siguiese viendo a escondidas con la muchacha de la que estaba perdidamente enamorado.

Al cabo de siete años de matrimonio, Eleuterio Ubarte era ya padre de tres hijos, pero seguía manteniendo una relación amorosa con la muchacha a la que pretendía desde antaño. Esta última se encontraba muy molesta con las habladurías y chismorreos que sobre ellos se habían extendido a lo largo de la capital vizcaína sobre ella y el romance que se traía con quien era su amante. Fue entonces cuando decidió poner a prueba de fuego el amor que le tenía. Para ello no se le ocurrió mejor cosa que instigarle a que le diese muerte a su mujer y sus hijos para luego fugarse a bordo de un barco a Francia.

La matanza

El 18 de marzo de 1847 fue la fecha en la que su amante le instigó a que provocase la mayor matanza en masa que se recuerda en la villa vasca a lo largo de su historia. Tal como le había sugerido a Eleuterio Ubarte, así él lo hizo. Con una navaja de gran filo que poseía se dirigió a su domicilio y en la alcoba en la que se encontraban sus tres hijos decidió quitarles la vida rebanándoles a todos ellos el cuello. Después haría lo mismo con su esposa, doña Bernarda, provocando una de las mayores bellaquerías de la historia de España. Más tarde acudiría a junto su amada para darle cuenta de la barbaridad que acababa de cometer. Sin embargo, y para colmo de males, esta habría cambiado de opinión. Ya no pretendía fugarse al país vecino, tal y como le había propuesto, sino que le dijo que tal como le había hecho a su esposa e hijos, podría hacer en el futuro otro tanto con ella.

La mujer, que había jugado con fuego, provocaría un estado de furor iracundo en su amante, quien sin pensárselo dos veces ni mucho menos medir sus consecuencias, terminaría también cola vida de la joven, con quien se ensañaría de forma brutal y dantesca, cortándole los pechos y dejando su cuerpo en medio de un gran charco de sangre hecho una verdadera piltrafa, además de convertirse en la quinta víctima de lo que habría sido la noche más sangrienta de Bilbao en muchos años. Para él, lo que había hecho la amante no era más que una traición y hubo de pagar muy cara su afrenta. Pero, los sucesos sangrientos no concluirían con la eliminación de cinco personas.

De la mente de Eleuterio Ubarte tampoco salían sus progenitores, aquella pareja que le había malcriado y que poco o nada se había preocupado de su educación más elemental. El mismo joven pensaba y sostenía que ellos eran los principales responsables de sus desgracias y que no debían escapar a su sangriento furor. Con la misma navaja con la que había dado muerte a las dos mujeres y los tres niños también la emplearía para terminar con la vida de sus padres. En plena madrugada, al igual que había hecho con sus hijos, cuando se encontraban plácidamente durmiendo como la mayoría de los bilbaínos, les daría muerte cosiéndolos literalmente puñaladas por considerar que ellos eran los responsables de sus desgracias.

Tras haber dado muerte ya a siete personas, en un estado de exasperación total, con la misma sangre de sus propios progenitores, Eleuterio escribiría una nota en la que narraba todo lo que había hecho en aquella noche de ira y furor en la que la había dejado siete cadáveres en un macabro deambular. Apuntaba que ya estaba libre de Dios y la Virgen María, que era sabedor que le aguardaba el infierno y que tal vez aquella misma noche fuese a por él el propio demonio.

Suicidio

Sin pensárselo dos veces, al igual que había hecho con sus siete víctimas, el hombre que pasaría a la historia como «El carnicero de Bilbao» colgó de su cuello una pesada roca y con ella se arrojó a las aguas de la Ría de Bilbao, que se convertiría en testigo mundo del tiempo en que se cometió una de las mayores tropelías de su historia, en tanto el cuerpo de Eleuterio Ubarte de Granda se perdía eternamente en las mansas aguas del Cantábrico.

Al día siguiente fueron muchos los bilbaínos que mostraron su sorpresa al ver los negocios de Juan de Ubarte y Antonia de Granda cerrados a cal y canto. La sorpresa, el disgusto y la consternación serían mayúsculos cuando se comenzó a saber lo que había ocurrido en aquella noche en la que uno de sus vecinos la había convertido en una auténtica orgía sangrienta. Igualmente, comenzó a tomarse conciencia de lo que podría ocurrir cuando una persona es obligada a contraer matrimonio en contra de sus verdaderos deseos. En este caso lo acontecido parece que supera cualquier límite humano.

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