Se suicida después de matar a hachazos a su esposa y tres de sus hijos en Zorita (Cáceres)

El suceso ocurrió en la localidad cacereña de Zorita

Definitivamente la vida no le había sonreído a Dionisio González Cerezo, un hombre de 59 años que había estado emigrado durante muchos años en el pleno centro industrial del País Vasco, concretamente en Barakaldo. Tras muchos de arduo trabajo, en el año 1987 decidió regresar a su localidad natal, Zorita, un municipio extremeño situado en sureste de Cáceres que cuenta con algo menos de 1.500 habitantes. Allí trabajaba como tendero atendiendo a una amplia clientela en su mercado de abastos, quien tenía una imagen excepcional de él, tanto por su don de gentes como por su afabilidad. Aunque nadie le notó nada extraño, los problemas personales, las dificultades se encontraban ahí y era difícil mirar para otro lado.

La mujer de Dionisio, Amelia Serrano, de 57 años de edad, se encontraba con mitad del cuerpo paralizado como consecuencia de una trombosis y era el encargado de atenderla. A todo ello se sumaba que el hijo mayor del matrimonio había pasado recientemente por la cárcel. Por si fuese poco, los dos hijos más jóvenes del matrimonio se encontraban enganchados a la heroína. Para rematar la situación, hacía muy poco tiempo, la familia había sufrido la pérdida de un nieto, un niño recién nacido que era hijo de su hija Amelia. No faltaban tragedias en aquel clan familiar trabajador y honrado, que tal vez hubiesen socavado hasta cierto punto la personalidad de su cabeza de familia, quien perpetró una matanza en masa, asesinando a cuatro de los miembros de su prole.

El día 21 de noviembre de 1990 Dionisio no abrió su negocio en la plaza de abastos como era habitual en él. Quizás se sintiese ya desbordado y decidió emprender una matanza con el ánimo de liberarse de forma definitiva de los muchos males que lo acechaban.A pesar de que disponía de escopeta de caza, muy habitual en muchas casas de entornos rurales de España, decidió tomar un hacha y eliminar a los miembros de su familia de manera taxativa y rápida. El crimen tendría lugar entre las ocho y las nueve de la mañana en el número tres de la calle Cedazuelos. El homicida repartiría hasta un total de 22 hachazos entre su esposa e hijos. Su hija María Rosa, de 31 años, recibiría una decena, en tanto que Amelia, su mujer, media docena. Sus dos hijos restantes Manuel, de 29 años, sufrió la arremetida de su padre en cuatro ocasiones, en tanto que Marcial, un año más joven que el anterior, solo había recibido dos, suficientes para terminar con su vida. Este último todavía se encontraba vivo cuando familiares y vecinos se dirigieron al interior del lugar de autos. Sería trasladado en helicóptero hasta un centro sanitario, pero fallecería poco después.

Llamada telefónica

En su orgía de furor y sangre Dionisio tuvo aún tiempo y fuerzas suficientes para llamar a su hijo mayor, que se encontraba en Cáceres. Le dijo que se dirigiese inmediatamente a Zorita pues le había dado muerte a su madre y sus tres hermanos y ahora se iba a quitar la vida el mismo. El vástago que se había librado de la muerte, llamó a una tía suya que vivía muy cerca del lugar en el que se produjo la tragedia. Esta, acompañada de otros familiares y vecinos, se dirigieron hasta la vivienda de la familia. Llamaron reiteradamente a la puerta de la casa, pero solo oyeron algunos ruidos y finalmente un disparo. El autor de la matanza había incrustado la escopeta en la cabeza y después había apretado el gatillo, terminando así con su vida y dejando tras de sí una horrorosa orgía de sangre que colocaba en el mapa a un pequeño municipio español que atesora un gran encanto, aunque en esta ocasión fuese noticia por un desgraciado suceso que consternaría a toda Extremadura.

Al igual que sucede casi siempre que se produce un hecho de estas características, los primeros que no dan crédito a lo ocurrido son los propios familiares y conocidos del principal protagonista de los acontecimientos. Relataban por entonces a la prensa de la época algunas personas próximas a Dionisio que lo habían visto relativamente bien «dentro de lo suyo», aludiendo así a las dificultades por las que atravesaba debido a la difícil situación familiar en la que se encontraba. No obstante, nadie le creía capaz de cometer una barbaridad de semejante calibre, aunque se supone que nadie conocía el agobio humano que le producía tal cúmulo de adversidades y hasta que punto se encontraba afligido por la angustia en la que se encontraba sumido.

El día 22 de noviembre de 1990 se celebraría el sepelio de las cinco víctimas mortales de la tragedia ocurrida en Zorita, siendo varios los centenares de personas que se congregaron en su camposanto para darle el último adiós a los fallecidos y reconfortar al resto de la familia, siendo una de las más grandes manifestaciones de duelo que tuvieron lugar en la pequeña localidad extremeña.

El forense José María Montero, director del Instituto de Medicina Legal de Extremadura calificaría, en declaraciones efectuadas al diario pacense Hoy que en este caso se encontraban ante lo que los manuales de psiquiatría definen como un «suicidio ampliado«, típico de personalidades depresivas, que reflexiona como va a quedar la familia después de su muerte, por lo que deciden terminar antes con la vida del resto de los miembros para posteriormente acabar con la suya. Sea como fuere, lo cierto es que este el clásico acontecimiento que produce auténtico pavor y que nunca quisiésemos ver reflejado en las páginas de ningún periódico y tampoco en la cabecera de ningún programa de radio o televisión.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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