Asesina a tres personas en Vallecas y después se suicida quemándose a lo bonzo en Monterrubio (Zamora)

El triple homicida se suicido en la localidad zamorana de Monterrubio

Una hermana de Pilar Rodríguez Lorenzo, de 55 años, vecina de la calle Antonio Folgueras en el populoso barrio madrileño de Vallecas se olía lo peor en aquellos primeros días del mes de octubre del año 1979. Había efectuado innumerables llamadas telefónica a sus familiares y nadie contestaba al teléfono en el 2D del segundo piso de la finca número dos de la concurrida vía de la capital de España. Le extrañaba mucho el mutismo que reinaba en aquella vivienda. Por ello, se decidió a acudir personalmente ella hasta el lugar. Sin embargo, sus insistentes llamadas a la puerta de la casa tampoco ofrecían resultado alguno, por lo que tuvo claro que a su familia le había ocurrido algo, como se suele decir en estos casos. A todo ello se sumaba el hecho de que la habían llamado desde Monterrubio, en la provincia de Zamora, para comunicarle que un pariente suyo, Antonio Rodríguez Lorenzo, de 48 años de edad, había puesto fin a su vida de una forma dramática y un tanto bárbara, ya que prendió fuego a su cuerpo y se quemó a lo bonzo.

La hermana de Pilar Rodríguez no relacionaba, hasta aquel momento, el suicidio de su familiar con el dantesco panorama que se encontraría la Policía cuando accedió a la vivienda en la que se había cometido el triple crimen. Fue ella también la encargada de dar la voz de alarma, avisando a las distintas fuerzas de seguridad y servicios de emergencia para averiguar que había sucedido realmente en aquel domicilio del barrio de Vallecas. Un bombero se encargaría de acceder al piso a través de una ventana interior situada en un patio de luces. Sin embargo, no fue él quien descubrió la tétrica escena que consternaría al gran barrio obrero por excelencia de España. Serían los agentes de la Policía quienes, en medio de un gran charco de sangre encontraron los cadáveres de dos de los inquilinos de aquel piso, Pilar Rodríguez Lorenzo, de 55 años y su marido Miguel Barrios Curedo, de 68, un hombre invidente y que vendía cupones de la ONCE, que yacían exánimes sobre el suelo, con evidentes señales de violencia.

Pero el drama sería aún mucho mayor cuando en otra estancia de la casa, concretamente en un dormitorio, se encontró sobre un colchón el cuerpo sin vida de la hija del matrimonio asesinado, María del Pilar, una joven de 22 años, quien al igual que sus progenitores, había sido asesinado con el mismo arma homicida. Ahora tocaba recomponer las piezas de aquel rompecabezas e indagar los motivos que se hallaban detrás de aquel triple crimen que sobrecogería a la capital de España en un otoño que se presumía muy caldeado por la conflictividad laboral que afectaba al país en aquel entonces.

Un hacha, la clave

La Policía encontraría un hacha en el cuarto de baño de la vivienda, con la que presumiblemente se habían cometido los tres asesinatos. El arma se encontraba completamente ensangrentada y los forenses se encargarían de certificar las sospechas policiales. La siguiente pista se encontraba muy lejos de Madrid, pero de la que no cabía ninguna duda que se encontraba intimamente relacionado con el truculento suceso acontecido en el barrio de Vallecas. La hermana de Pilar Rodríguez había tenido conocimiento ya del suicidio de un familiar suyo en la localidad zamorana de la que era originaria toda la familia. Sabía también que aquel mismo hombre se había hospedado durante algo más de una semana en el piso de las tres personas asesinadas, ya que estaba esperando a ser intervenido quirúrgicamente de una embolia cerebral que había sufrido recientemente.

A partir de todos estos datos, la Policía comenzaría a atar cabos y a deducir lo que realmente había pasado para que se originase aquella tragedia en aquella vivienda. Según la hipótesis policial, el desencadenante del triple crimen habría sido que Antonio Rodríguez, en los escasos días que llevaba hospedado en aquella casa, habría trabado una relación sentimental con la hija de los dueños, la cual no era aceptada de buen grado por parte de estos, quienes rechazaban de plano que María del Pilar Barrios Rodríguez iniciase un romance con un hombre que era 26 años mayor que ella. A lo que se sumaba, que además de ser su familiar, se encontraba casado y era padre de una prole compuesta por cinco vástagos. Todo ello no casaba con los rígidos estereotipos de la época ni mucho menos con los estrictos cánones de una sociedad que todavía no gozaba de una ley de divorcio, que aún se aprobaría dos años más tarde.

La tesis policial sostenía que a raíz de esa supuesta relación se pudo haber iniciado una ardua discusión entre los progenitores de la joven y el maduro cuarentón que la pretendía. Posteriormente, este último valiéndose de su superioridad, principalmente física, habría empuñado el hacha con la que primero dio muerte a la pareja que habitaba la casa y posteriormente a su hija, a quien sorprendió en cama cuando se encontraba acostada. Sus cuerpos sin vida no serían hallados hasta la madrugada del domingo, 7 de octubre de 1979, a pesar de que el trágico episodio se desarrolló probablemente en la noche del día cinco.

Huida y suicidio

A pesar de haber perpetrado una horrible matanza, Antonio Rodríguez Lorenzo, tuvo el valor suficiente para huir de Madrid y no comentar con absolutamente nadie la terrible tragedia que había ocasionado. En principio se dirigió en autocar hasta la localidad vallisoletana de Medina del Campo. En este último lugar tomaría un taxi que lo trasladaría hasta el pueblo zamorano de Encarmazón. Su periplo terminaría al encontrarse con un vecino suyo quien lo llevaría hasta Monterrubio, su villa natal. En ella pasaría la última noche de su existencia, pero sin dar cuenta a nadie de lo que había hecho en la capital de España.

Al día siguiente, el triple asesino madrugó bastante, levantándose a primera hora de la mañana. Su esposa le preguntó si le preparaba el desayuno, a lo que él rehusó «dada la actividad que iba a hacer» -en palabras textuales del propio criminal. Se dirigió a un pajar de su propiedad en el que roció su cuerpo con dos litros de gasolina para luego ponerse fuego a lo bonzo, dejando su cuerpo literalmente irreconocible, al quedar casi completamente calcinado por el fuego.

La noticia del suceso que sorprendió a los vecinos de Monterrubio inmediatamente llegaría a Madrid, siendo la Policía quien estableció el nexo entre la tragedia de Vallecas y el suicidio ocurrido a más de 300 kilómetros de distancia. Del autor de la matanza se decía que era un hombre agradable y cordial que trabajaba en el campo, aunque se encontraba muy obsesionado con los problemas de salud que le afectaban desde hacía algún tiempo. Nadie se imaginaba que detrás de aquel hombre que ponía fuego a su cuerpo se encontraba un triple asesino que pretendía a una joven que tranquilamente podría ser su hija.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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