Triple crimen en la barriada de las Viudas en Valladolid (Los asesinatos de los Píos)

Los hechos sucedieron en la calle Tajo

Edificios de ladrillo visto, como si fuese una seña de la marginalidad a la que se ven sometidos estos barrios. Construidos mayoritariamente en la década de los años sesenta del pasado siglo al amparo del desarrollismo que pretendía erradicar los poblados chabolistas que habían surgido en los suburbios de las grandes ciudades. Además del desarraigo, el desempleo y la pobreza son casi siempre los más castigados por el tráfico de drogas al que sucumben algunos de sus moradores, carentes de cualquier horizonte digno. Así sería como se iniciaría una trágica reyerta en la noche del día 2 de diciembre de 2005. Al piso que ocupaba uno de los hermanos Jiménez, concretamente Álvaro, conocido como «El Pío» se dirigieron otra pareja de hermanos, los Serradilla, Rubén y Teodoro, que contaban con 27 y 33 años respectivamente, con la intención de adquirir algunos estupefacientes.

A partir de ese momento se iniciaría una trifulca, al parecer motivada por la «mala calidad» de la droga que les habían vendido los inquilinos de la vivienda a la que acudían -según la versión ofrecida en el transcurso del juicio que se celebró en su contra en el año 2007 por Rafael L.J. alias «El Moro». Según sus palabras, sus conflictivos clientes se abalanzaron sobre él con el ánimo de matarlo. Este, para defenderse, echó mano de una pistola, calibre 6.5, vaciando el cargador de la misma en el que llevaba incorporadas cinco balas. Tres Proyectiles alcanzarían a Rubén, uno de los cuales le seccionó la arteria aorta, a raíz de lo cual le provocaría una gran hemorragia, que sería la que al fin terminaría con su vida.

Los otros dos disparos tampoco serían en vano, pues uno de ellos alcanzaría a Beatriz G.C., esposa de Álvaro, «El Pío», quien al tratar de intermediar en la gresca que se había montado recibiría un disparo en el cráneo, que la dejaría exangüe prácticamente en el acto. No fue el caso de Teodoro, quien resultaría herido en un brazo. No obstante, al ver que no había podido alcanzar su objetivo, «El Moro» tomó una navaja que llevaba en el bolsillo y cosería literalmente a puñaladas a su tercera víctima, llegando a seccionarle la garganta. Inmediatamente después de dejar tres muertos tras de sí, abandonaría el lugar de autos en busca de un refugio indefinido.

Huida

Rafael L.J. iniciaría un largo periplo con el ánimo de sustraerse de la acción de la justicia. Su primer destino sería Laguna de Duero, en la provincia de Valladolid, donde residía un hermano suyo. Sin embargo, su cuñada, consciente de las graves consecuencias que podría acarrearle su encubrimiento, se negó a cobijarlo en su domicilio. Finalmente, recalaría en Murcia, donde residía otro de los familiares de su clan. Allí sería detenido en el transcurso de una espectacular operación judicial, junto a su hermano Álvaro el día 12 de diciembre de 2005.

Terminaba así el periplo de los dos hermanos del clan de «Los Píos» que se habían visto inmersos en una horrorosa matanza. La misma sería asumida desde el primer momento por «El Moro», quien exculpó a «El Pío» de cuanto había acontecido tan solo diez días antes en la barriada de las Viudas. Acerca de la presencia de este último en el mismo escondite en tierras murcianas, manifestaría que se había trasladado hasta allí a petición suya con el objetivo de explicarle que la muerte de la esposa de este último se había debido a «un accidente», convirtiéndose en una víctima colateral de un trágico suceso que consternaría profundamente a la capital castellana.

85 años de cárcel

Dos años después del doble crimen acaecido en los suburbios de Valladolid se celebraba el juicio contra los dos responsables de tres muertes en medio de una gran expectación. El principal protagonista de este suceso, Rafael L.J. exculparía en todo momento a su hermano, Álvaro, atribuyéndose el mismo la muerte de los dos hermanos Serradilla. Sorprendería la frialdad con que hacía su declaración en la sala de vistas de la Audiencia Provincial de Valladolid, pues no manifestaría en ningún instante el mínimo atisbo de arrepentimiento ni tampoco ningún remordimiento, responsabilizando de la muerte de sus víctimas a la actitud desafiante y violenta que mantuvieron con él. Aduciría en su descargo que actuó en defensa propia, ya que -según sus propias palabras- aquellos dos individuos habían intentado matarlo, aunque no portaban ningún arma.

El principal encausado se encontraría de frente con las investigaciones practicadas por los forenses, quienes restaron credibilidad a su declaración. Según las pruebas que recabaron, en el doble crimen de los hermanos Serradilla había participado más de una persona. Y esa no podía ser otra que su propio hermano Álvaro, quien también se vería cercado por la acción de la justicia, encausándolo casi de la misma manera que a «El Moro»

Finalmente, Rafael L.J. sería sentenciado a 49 años de prisión, acusado de dos delitos de asesinato, un homicidio doloso y tenencia ilícita de armas. Su hermano recibiría una condena sensiblemente menor que la suya, debiendo cumplir 36 años de cárcel. En el apartado de las indemnizaciones ambos autores del doble crimen de los hermanos Serradilla debían indemnizar con 270.000 euros a la madre de sus víctimas.

Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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