El doble crimen de Don Benito: Un sangriento suceso que cambió la historia

Cartel de la época alusivo al trágico episodio acaecido en la localidad pacense de Don Benito

Hay sucesos que de alguna manera cambian la historia de los pueblos o, cuando menos, influyen en ella de manera decisiva. Uno de esos trágicos acontecimientos ocurriría en la localidad extremeña de Don Benito el día 19 de junio de 1902, que pasaría a la historia más por la actitud de los ciudadanos de la villa en la que se cometió que por la extrema crueldad de la que hiceron gala aquellos dos truhanes de medio pelo a la hora de dar muerte a dos honradas mujeres que vivían solas y, que como las gentes de su tiempo, recurrían a los medios que estaban a su alcance para poder hacer frente a las muchas vicisitudes que sufrían.

En la mañana de aquel penúltimo día de primavera la lechera que habitualmente abastecía de leche a aquellas dos mujeres llamó reiteradamente a Catalina Barragán. En vista de que no respondía, decidió entrar en el domicilio, situado en la calle Padre Cortés, actualmente calle de la Virgen. Al adentrarse en el interior de la casa se encontrará con un brutal panorama. La ama de la casa, una mujer de 60 años yacía muerta en el suelo. Inmediatamente pone el caso en conocimiento de la Guardia Civil, cuyos miembros se dirigen lo más rápido que pueden hasta el domicilio, pues todo indica que se encuentran ante un sanguinario crimen, tal como se demostrará más tarde. Sin embargo, aquella mujer que repartía la leche entre el vecindario no lo había visto todo, pues en una de las habitaciones del piso superior del edificio hallan el cadáver de su hija, Inés María Calderón Barragán, una apuesta muchacha de tan solo dieciocho años que tiene muchos pretendientes en la localidad debido a su gran hermosura.

En aquel domicilio se hospedaba un médico oftalmólogo que ejercía su profesión en el vecino municipio de Villanueva de la Serena, que responde al nombre de Carlos Suárez. Son muchos quienes dirigen las miradas hacia el joven galeno, quien incluso será detenido y sometido a las torturas del tercer grado, entonces permitidas. Otras fuentes apuntan a otro joven de la localidad, Saturio Guzmán, de quien se dice que miraba de forma lasciva a la bella María Inés.

Indignación popular

En la localidad pacense la indignación vecinal va en aumento a medida que transcurren los días, pues se sospecha que puede haber gato encerrado en las investigaciones de la Guardia Civil. Desde el Gobierno Civil de Badajoz se teme que se produzca un levantamiento popular. Son muchos los vecinos de Don Benito, que incriminan a un cacique local, muy bien relacionado con las altas esferas del poder,Carlos García de Paredes, un individuo joven, que posee grandes extensiones de terreno y al que le gusta la juerga, la parranda y la buena vida. Se decía de él que había violado a una joven deficiente y que incluso le había agredido a su madre con una navaja.

El día 3 de julio de 1902 ya había cinco detenidos. Todos claman por su inocencia. En la prisión se encuentran el médico Carlos Suárez, que había una falsa prueba que lo delataba; Carlos García de Paredes, su criado Juan Rando, acusado este último de haber lavado algunas prendas ensagrentadas de su señor, Saturio Guzmán y Pedro Cidoncha, quien era sereno en Don Benito y que la noche de autos había jugado una función fundamental en el asesinato de aquellas dos mujeres.

Mientras tanto, continúan las alagaradas y las protestas en la localidad que acusan directamente al cacique García de Paredes de ser el autor material del crimen. Al parecer, este energúmeno, vividor a más no poder, había intentado, sin ningún atisbo de éxito, ganarse los favores de la joven asesinada hasta el extremo de llegar a provocarle pesadillas y así se lo había hecho saber a su madre, quien se lo contaría a sus vecinas. Si aquel hombre se hallaba en la cárcel había sido por la presión del vecindario donbetitense, entre quienes se había granjeado innumerables enemigos, tanto por su fanfarronería como por su carácter arisco, pendenciero y petulante.

Un testigo incómodo e inesperado

Casi mes y medio después de haberse cometido el brutal y sanguinario crimen que ha costado la vida a las dos mujeres, aparecerá un inesperado testigo, un joven veinteañero llamado Tomás Benito Alonso Camacho, quien asegurará ante la Guardia Civil que lo había visto todo y puede relatar ante el juez lo que ha ocurrido la madrugada en la que habían sido asesinadas aquellas dos mujeres. Tampoco se sabrá nunca porque había esperado tanto en ofrecer su versión de los hecho. Si por temor a García de Paredes o la recompensa de 500 pesetas, que se ofrecía a quien facilitase algún dato sobre el crimen que había conmocionado a la villa pacense y que había enardecido los ánimos de sus vecinos. Él maniestará ante el juez que si se había demorado tanto en su declaración obedecía a que su madre se encontraba delicada de salud y no quería darle un disgusto. Por cierto, este hombre moriría a puñaladas, víctima de otro crimen, en tierras argentinas, a donde emigraría años después.

En la declaración ante el juez, el joven labrador manifestará que había sido testigo de los hechos desde la calle de Valdivia, cuando se dirigía hacia su domicilio aquella aciaga noche de junio. En la versión que ofrece del suceso dice que los asesinos de las mujeres son dos, uno de los cuales no se encontraba en el disparadero. En torno a la una de la madrugada del 19 de junio, Tomas Benito Alonso aseguró haber visto al sereno Pedro Cidoncha, quien se encontró con otros dos hombres, con quienes después de convenir algo se dirigieron a la calle Padre Cortés, frente a la casa de la viuda Catalina Barragán. Aunque los saludó cuando pasó junto a ellos, estos ni siquiera le correspondieron al saludo. Debido a que había una luna clara, el labrador pudo ver perfectamente a los tres hombres, a quienes reconocería posteriormente en el transcurso de una rueda de reconocimiento.

Según su relato, el sereno se dirigió a aquella hora a la vivienda que ocupaban las dos mujeres para solicitarle a la viuda el maletín del médico que se hospedaba en su vivienda, pues el recado era muy urgente. Posteriormente, Cidoncha solicitaría un vaso de auga a Catalina Barragán. Mientras esta se dirige a la cocina por el encargo que le hace el sereno, este les hace una señal con el farol a sus compinches, Carlos García de Paredes y Ramón Martín de Castejón, un cincuentón que otrora había pretendido a la viuda que terminaría asesinando. Es entonces, cuando ambos crápulas penetran en el interior del edificio en el que habitan las dos mujeres, a quienes asesinan de una manera cruel y despidiada, cosiéndolas literalmente a navajazos.

El testimonio de Benito Alonso Camacho es fundamental en la resolución del caso. Gracias a él,se pone en libertad a los otros tres acusados. Aunque Martín de Castejón negará su implicación en el trágico suceso, en su casa se encuentra una prueba de carga, que son unos pantalones manchados de sangre, que no ha cedido a pesar de haber sido lavado en diversas ocasiones.

Juicio y ejecución

Ambos individuos, Carlos García de Paredes y Ramón Martín de Castejón, además del serendo Pedro Cidoncha son sometidos a un proceso judicial que se dilata bastante en el tiempo con la aportación de pruebas por parte de las diversas partes y que se celebra durante la segunda semana de noviembre de 1903. Durante este tiempo que ha estado ingresado en la cárcel, se sabe que el cacique local donbenitense ha cambiado radicalmente su carácter y que, según se puso de relieve, habría mostrado su sincero arrepentimiento por aquel brutal crimen que sigue estando muy presente en la sociedad extremeña. No hará así su colega de correrías, Martín de Castejón, otro adinerado crápula que mantendrá su carácter tosco y arrogante, propio de quien se cree que está por encima del bien y el mal, tal como lo demostrará en el transcurso del juicio, en el que negará todos los cargos que se le imputan y tachará de mentiroso al labrador Tomás Benito Alonso Camacho.

La decisión del tribunal de la Audiencia Provincial de Badajoz es dura y contundente con los acusados del doble crimen. El 18 de noviembre de 1903 se hace público que los dos encausados son condenados a muerte. El sereno Pedro Cidoncha es condenado a 20 años de prisión, siendo trasladado al penal de San Miguel de los Reyes, en Valencia, en el que fallecería en el año 1923, el mismo en que se finiquitaba su condena. A pesar de la severidad de la Justicia, que no se ha andado por las ramas, son muchos los vecinos de Don Benito que no creen que aquello acabe sucediendo, pues son conocedores de los amigos y de la influencia que gozan ambos condenados en las distintas esferas de poder.

Despues de varios recursos y contrarrecursos, ninguna instancia judicial muestra clemencia para con los dos sentenciados a muerte, que serán ejecutados al amanecer del día 5 de abril de 1905. Según quienes presenciaron la ejecución,García de Paredes será incapaz de controlar sus esfínteres en el momento de subirse al cadalso. Tiene suerte porque su ejecución se desarrolla de prisa y el verdugo consigue darle muerte en un breve lapso de tiempo. No sucederá lo mismo con Martín de Castejón, quien sufre un pronunciado bocio, que dificulta el trabajo del ejecutor de la sentencia. Debido a ello, su muerte se prolonga más de lo previsto, en medio de insultos y constantes escupitajos, convirtiéndose así en víctima de la Justicia, a pesar de haber sido un cobade asesino.

No obstante, la cosa no termina con las ejecuciones de ambos reos. Sus cadáveres serán expuestos en público debido a las exigencias que hace el pueblo de Don Benito, para demostrar que realmente los dos sentenciados a muerte habían sido verdaderamente ejecutados.La práctica totalidad de sus vecinos asisten a una morbosa exposición, inimaginable en nuestros días, en la que pueden contemplar los cuerpos sin vida de García de Paredes y Martín de Castejón, los dos protagonistas de un brutal y sanguinario crimen que de alguna manera cambió la historia de Extremadura.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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