Más de tres lustros de misterio en torno al triple crimen de Burgos

La familia asesinada el día de la primera comunión de Rodrigo Barrio

Fue sin lugar a dudas uno de los crímenes más escalofriantes y mediáticos por todas las circunstancias que lo rodearon. Aunque recientemente se ha reabierto la investigación con nuevos elementos de juicio, entre ellos el vehículo de Salvador Barrio, el hombre que apareció asesinado junto a su esposa, Julia y su hijo Álvaro, el misterio persiste y son muchas las incógnitas que rodean tan dramático caso.

A la mañana siguiente de aquel 7 junio de 2004 los vecinos de la capital burgalesa se despertaron con la trágica noticia del asesinato de tres de los cuatro miembros de una familia de clase acomodada. El criminal descargó toda la adrenalina y el odio que llevaba dentro contra sus víctimas a las que asestaría un total de 99 puñaladas. Víctimas de las garras del brutal asesino, caían Salvador Barrio, un agricultor de 53 años, que había forjado un considerable patrimonio a base de muchísimo trabajo y esfuerzo en el municipio de La Parte de Bureba. Con él también era asesinada en su misma alcoba su esposa Julia, algo más joven que él. La otra víctima es el más pequeño del clan familiar, Álvaro, un niño de doce años que también ha sucumbido ante el desalmado psicópata. Solamente se salvaría el hijo mayor del matrimonio, Rodrigo, un adolescente de 16 años, quien por entonces se encontraba internado en el complejo Ciudad de la Educación de San Gabriel, regentado por los hermanos de esta misma congregación.

Las primeras pesquisas se dirigieron hacia el entorno más próximo de Salvador Barrio, ya que se suponía que el autor o autores del crimen son conocidos del agricultor asesinado, ya que habrían franqueado la puerta con absoluta normalidad sin dejar rastro alguno. La única pista existente es la huella de una zapatilla deportiva marca Dunlop. Su propietario podría calzar los números 42-43 aproximadamente, pero que con toda seguridad se la ha quitado al salir del piso que ha convertido en un macabro panteón. Los estudios forenses dictaminaron que la primera víctima es Salvador, quien supuestamente trató de defenderse de su agresor, llegando a recibir un total de medio centenar de puñaladas. Su esposa, apenas habría opuesto resistencia, pues recibe 17 puñaladas. Alertado del horror que se estaba viviendo en su casa, Álvaro echa el pestillo, pero el agresor echaría la puerta a bajo y se introduciría en el dormitorio del pequeño a quien, tras una breve lucha, le propina 42 cuchilladas que terminan con su vida. Los investigadores se suponen que el crimen habría acontecido entre las cinco y las seis de la madrugada. Aunque se trata de un bloque de viviendas en el que residen viven otras familias, nadie escuchó ni vio nada. Ni siquiera un grito, a pesar de la masacre que se había perpetrado en aquella vivienda.

El hijo mayor, investigado

A partir de ahí son muchas las incógnitas y el misterio que rodea a esta brutal matanza. Se abren muchas conjeturas y suposiciones que se hacen los investigadores, aunque ninguna de ellas da los frutos deseados. El caso daría un giro inesperado a mediados de junio del año 2007 cuando es detenido Rodrigo Barrio Dos Ramos en el domicilio de su tío Benito Dos Ramos, en la parroquia de Queirugás, en el municipio orensano de Verín. Los indicios de la Policía le sitúan como el principal responsable de la muerte de su familia, entre ellos la pisada de las zapatillas deportivas, que al parecer vestía con asiduidad, aunque algunos miembros de la familia sostienen que el chaval calzaba algunos números superiores al de los encontrados en la casa en la que se produjo el brutal crimen. Otra de las pruebas era una joya que su madre siempre llevaba al cuello y que fue hallada con posterioridad en poder del muchacho, desconociéndose si la portaba el día de autos. De la misma forma, se encontrarían también algunas colillas de la marca de tabaco que habitualmente fumaba, Royal Crown, a pesar de que el joven contradirá repetidamente a la investigación policial. Las cajetillas halladas con posterioridad serían de Luckie Stricke. En este caso, la acusación particular responsabilizó al propio chaval de colocarlas en el cuarto de baño de la casa, pues al parecer, podrían ser muy posteriores a las halladas el día del crimen. Según la investigación policial, Rodrigo incurrió en repetidas contradicciones, pero jamás llegaría a confesar el crimen. El joven sería ingresado provisionalmente en un centro para menores de Burgos, pero sería puesto en libertad al desestimar la consistencia de las pruebas aportadas por parte de los magistrados que se encargan del caso.

Los supuestos móviles que habrían movido a Rodrigo Barrio a asesinar a su familia irían desde el sentirse desvalorizado por su familia en favor de su hermano pequeño, comúnmente conocido como el «síndrome del príncipe destronado» hasta el destino que le habría deparado para él su progenitor, quien habría comprado una cosechadora valorada en 120.000 euros, con el objetivo de que en un futuro próximo su vástago trabajase en la extensa hacienda familiar. Igualmente, se atisbó la posibilidad de hacerse con el patrimonio familiar, tres viviendas y 180 hectáreas de terreno, valoradas en aproximadamente un millón de euros.

El muchacho inculparía a uno de los religiosos del internado en el que estaba internado, aunque esta posibilidad sería desechada casi de inmediato, al igual que a otro amigo del colegio, que también caería por su propio peso.

El otro sospechoso de este triple crimen sería un vecino, conocido como Angelito, que ahora se encuentra cumpliendo una pena de prisión por haber arrollado de manera intencionada a una anciana vecina suya. Al parecer, este último habría mantenido importantes desavenencias con el agricultor asesinado motivadas en la época en la que Salvador Barrio fue alcalde del pequeño municipio burgalés. Algunas fuentes apuntaron a que el día en que recibieron sepelio las tres víctimas, este hombre habría acelerado el embrague de su tractor con el ánimo de incordiar a quienes asistían al entierro. Igualmente se le responsabilizaba de las pintadas aparecidas en las sepulturas de las víctimas. Aunque, para la policía había una pieza que no encajaba y se preguntaba como podría haber accedido al domicilio de la familia Barrio, cuando todo hacía suponer que el criminal era una persona que conocía a la perfección todos los detalles del entorno familiar, además de no haber forzado la puerta en el momento de entrar en la vivienda.

División familiar

La familia materna de Rodrigo Barrio, todos ellos residentes en distintos puntos de la provincia de Ourense, sufriría una fuerte escisión como consecuencia de este crimen, dividiéndose entre quienes creen a pies juntillas que su sobrino era el autor del crimen y quienes sostienen exactamente lo contrario. Entre los primeros se encuentran su tío Benito y otra de sus tías, que han mostrado su convecimiento de forma reiterada en que el joven fue el autor de la muerte de sus padres, tanto por el comportamiento que ha mantenido durante todo este tiempo como en los indicios hallados por la Policía.

Benito Dos Ramos fundamenta su teoría en el hecho de que el joven se habría mostrado un tanto esquivo en relación al caso cada vez que se lo planteaban. El muchacho sostuvo siempre que se encontraba en el internado, pero también se sabe que, aunque no tenía permiso de conducir por ser menor de edad en el momento en el que se cometió el triple crimen, sabía manejar el vehículo de su padre y conducía de forma habitual por trayectos cortos. Otro hecho que llamó poderosamente la atención tanto de sus tutores como de los investigadores fueron los famosos dibujos que pintaba Rodrigo, de contenido macabro, alusivos a diferentes formas de matar o asesinar a las personas. En ellos se podía contemplar a hombres colgados y degollados en distintas posturas.

Por otra parte, otro sector familiar se niega rotundamente a reconocer la culpabilidad del chaval, creyendo firmemente hasta ahora las decisiones que ha tomado la Justicia. Basan su razonamiento en que no hay prueba alguna para incriminar a Rodrigo y desechan que la pisada encontrada en el piso pertenezca al muchacho.

Aquí, al igual que sucede en muchas otras ocasiones, también están enfrentadas las posiciones que mantienen la Policía y las autoridades judiciales encargadas del caso. Para los primeros hay indicios más que evidentes de quien fue el autor del horrible crimen de Burgos, mientras que los segundos se encargan de mantener el misterio hasta que se hallen unas pruebas más sólidas. Ahora, y tras casi veinte años, se está analizando el vehículo del matrimonio asesinado en busca de más pruebas. Y lo que también sucede casi siempre en estos casos, que a medida que transcurre el tiempo se hace más difícil resolver un horrible suceso que sigue horrorizando a los españoles más de tres lustros después de que se hubiese perpetrado.

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Acerca de

Soy Antonio Cendán Fraga, periodista profesional desde hace ya tres décadas. He trabajado en las distintas parcelas de los más diversos medios de comunicación, entre ellas el mundo de los sucesos, un área que con el tiempo me ha resultado muy atractiva. De un tiempo a esta parte me estoy dedicando examinar aquellos sucesos más impactantes y que han dejado una profunda huella en nuestra historia reciente.

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